jueves, 17 de noviembre de 2011

Ya yo no soy chiquita.


Marula ya no es chiquita. 



Marula es independiente. Marula es grande. Marula se fue. 

Mi enana de la cresta roja, la estrella de los tours y la antílope más querida , siguió un jueves a su nueva casa.

El dueño de la reserva, llegó una mañana lluviosa a buscarla.Wow. Mis amigos vinieron a darme apoyo y estaban al tanto que no podían hablarme mucho porque en ese momento yo NO iba a llorar. Jamás en frente de todos ellos.

¿Por qué no nos la podíamos quedar? No tenemos machos duikers. Siempre se mueren los estúpidos. La  otra alternativa de vida sería que se hubiera enamorado y apareado con un duiker rojo, dando a luz así a un híbrido. En el mundo natural esto no ocurriría jamás. Jamás. La única vez que ocurrió en, la antílope en cuestión fue sacrificada y los cachorros sirvieron de cena a un cheetah. Suena a algo terriblemente cruel y yo estaba aterrorizada que Marula sufriera el mismo destino pues ya estaba saliendo de la pubertad y entrando en la edad de casamiento; había que evitar que se enamorara del duiker de la especie incorrecta. Los duikers son monógamos. A diferencia de los seres humanos, una vez que prometen su corazón a alguien, lo entregan para siempre. Eso la hace todavía más finísima.

Después de 6 meses bajo mi tutela era hora de que Marula siguiera adelante como una niña grande. Aún no he llorado por su partida, desde hace meses sufro de la condición de no poder llorar más por cosas que me causen dolor (sólo las que me causan arrechera), pero al mismo tiempo estoy tan feliz que hice un trabajo suficientemente bueno para ayudarla a seguir adelante, de vuelta a su verdadera vida, que no puedo sino sonreír y sentirme orgullosa de mí misma. ¡Lo logré!

A veces me sorprendo buscándola en los sitios por lo que siempre aparecía corriendo para venir a morderme las canillas para que le hiciera cariñitos.  Aún cuando ya no le daba su tetero venía corriendo a mí cada vez que me veía y teníamos sesiones de amor (ella dándome cabezazos cuando yo me cansaba o distraía) que me hacían sentir especial. Ella siempre dejó muy en claro quién era su mamá. ¿A quién no le gusta sentirse especialmente querido? Siempre me pregunté si los antílopes son capaces de reconocer, de recordar. Marula definitivamente podía. Fue la primera punchina a la que le hablé en inglés y fue ella quien me aterrorizó de ser madre hasta lo más profundo de mi ser.

Madres del mundo, ¡bravo! Están hechas de acero y yo las admiro profundamente. Ahora, ¿qué se hace con el hueco que dejan los hijos cuando se van? Buena vaina.