domingo, 18 de diciembre de 2011

El señor de las tinieblas y su mujer.




Cuando las cosas malas se acumulan a veces es necesario sacarse todo de adentro. Hace muchos años una amiga me enseñó a escribir para poner en palabras esos sentimientos que agobian y que no sabemos identificar bien. Lo que van a leer a continuación no es lo más glamoroso del mundo, ni da un feeling de felicidad. Es mi venganza anónima e infantil, pero necesaria, para sacarme de adentro todo el odio que me corroe el alma.

 Me tomó más o menos 6 meses poner por escrito cuánto odio a mi jefe: “The Dark Lord”.  Creo que no he podido esconderlo últimamente, aunque me lo admití a mí misma hace mucho tiempo. Es difícil hacer un retrato de éste hombre y su esposa por los que estoy casi dispuesta a regresar a mi ciudad natal. Por un lado él es una persona que respeto en cuanto al conocimiento no formal que tiene de la vida salvaje. Es impresionante todo lo que sabe y lo que ha aprendido de la pura experiencia y la convivencia con la vida salvaje. Pero por otro lado es la persona más egocéntrica, incorrecta, irrespetuosa, cochina y vil que he conocido en toda mi vida. Se tira peos en la oficina, se saca pedazos de comida de entre los dientes con una hoja de papel y humillar a sus empleados es su actividad favorita… Nadie se le compara. Probablemente si lo conozcan crean que exagero pues si algo sabe este señor es como venderse, pintarse como un héroe para la vida salvaje y contar una buena historia. No trata de modo respetuoso a ninguno de los miembros de su staff a pesar de que nos partimos la espalda trabajando todos los días para él, con la esperanza de aprender todo lo que podamos. Si puede humillar a cualquiera de nosotros en frente de los estudiantes lo hará, y te tratará siempre como un idiota porque jamás admitirá cometer un error o que vales algo.

Nos impone su visión de vida y del mundo, obligando a las niñas a trabajar en falda como signo de sumisión de la mujer ante el hombre. Sólo por ser mujer soy considerada inferior, una “dumb blonde” comenta él entre risas. Ya no controlo mi expresión facial de odio cuando haces sus comentarios peyorativos. Mis compañeros de trabajo están impresionados de cómo una persona “tan dulce como yo” lo asesina con la mirada y me aplauden. Creo que ya todo se reduce a una cuestión de supervivencia, yo no voy a ser la más débil. De algún modo me va a respetar y los que me conocen saben qué pasa cuando cruzan la línea conmigo.

A veces siento que vivo en la granja del señor y la señora diablo porque ella no se queda nada atrás, ella es peor. Es de esas viejas gorditas que aparenta dulzura pero detrás de esa fachada tan diferente a la de mi jefe, se esconde una personalidad peor. Se quiere retirar pero él no quiere soltar el coroto (igualito al presidente mesmo), entonces pasa su tiempo “pretendiendo” estar ocupada cuando en verdad lo que hace es apoderarse de mi computadora, revisar los emails que mando, jugar solitario y bajar fotos para hacer su scrapbooking, porque no hace un coño más. A muchos les da lástima, yo les recuerdo que ella es su esposa y se casó con él por voluntad propia; ella es tan horrible como él y en todo el centro de rehabilitación sólo yo me los calo a los dos.  La odio. Demasiado.  Los fines de semana ni siquiera trabaja, ni aparece por la oficina sino para joder. Ha tenido hasta la desfachatez de comentarme – cuando pasa todo el día encerrada en su casa y yo no puedo ni tener mi hora de desayuno ni almuerzo porque “no podemos nunca dejar sola la oficina” – que porque ella no esté en la oficina, no quiere decir que no esté trabajando. ¿Podría alguien explicarme qué coño quiere entonces cuando alguien se la pasa viendo películas en horario laboral?! Jamás te dirá nada de frente, su especialidad es clavarte un hacha por la espalda o dejarte una “nota” que te hace hervir la sangre de lo condescendiente e irrespetuosa. Comete errores a diestra y siniestra y después siempre, siempre, siempre me los adjudica y no tengo manera de ganar porque “ella es su esposa” y en su sadismo, disfruta ver cómo le caen a gritos a otros. Vieja ridícula, gorda, fea, glotona e inmamable.

Entre los dos, tienen el peor “judge of character” del mundo y terminan defendiendo y favoreciendo siempre a aquellas personas que no lo valen: drogadictos, infieles y borrachos. Su mierdismo de alma y de corazón es algo que no deja de sorprenderme, sobre todo porque están tan seguros que irán al cielo y nosotros a infierno.

Los sueños tienen un precio alto generalmente, lo único que me preocupa es cuánto más estaré dispuesta a pagarlo.  Hay días en los que me provoca agarrar mis corotos y salir corriendo lejos de aquí pues que te traten como un imbécil que no vale nada, me frustra y me llena de indignación porque sé lo que valgo. 

Sólo el amor más profundo por alguien y el odio más sentido han sido capaces de hacerme tambalear y querer dejar África. Sólo ellos.

Ya me siento mejor.