domingo, 18 de diciembre de 2011

La batalla del Sur y el Norte.



Después de planearlo por semanas Jan, David y yo decidimos ir al sur del Parque Nacional Kruger (la reserva de animales más grande de Sudáfrica). El panorama de norte a Sur varía de acuerdo al nivel de precipitaciones de cada zona. En el norte no hay un coño, en el centro ya hay más cosas ya que hay muchas sabanas abiertas, y el sur tiene una vegetación más densa. Teóricamente hay más animales salvajes en el sur que en el centro en la ruta que SIEMPRE hacemos. Decidimos que valía la pena despertarnos una hora antes para manejar una hora más para ir a comprobar la veracidad de ésta afirmación (el ocio gallo). Partimos a las 430am para llegar al parque a eso de las 630am. Para la entrada ya habíamos agotado el café y las galletas.  


La idea del Kruger es manejar por diferentes rutas todo el día, con la esperanza de ver algún espectáculo animal digno de Natgeo. A mí siempre me basta con ver bebés elefantes, veo eso y mi día está hecho. Son tan absolutamente torpes y tiernos que es imposible no derretirse.

En nuestros primeros kilómetros por el Sur, Jan –el super ranger- en un ataque de valentía y estupidez, se bajó corriendo del carro agarrar unos “sour plums” que crecían al lado de la vía. David los probó y decidimos que era mejor que yo no lo hiciera por estar doblada en mi asiento, ante un ataque de gastritis (la “··|@# está de vuelta). La cara de Dave fue un poema y no me arrepentí ni un poquito de no haberlas probado (aparte que hay que confesar que no soy nada aventurera a la hora de comer, con carne y arroz tengo pa todo el año); más tarde se las tiramos a unos babuinos que conseguimos en el camino. Son muy feos y se merecen frutas chimbas.


Cuando vine a África la primera vez, no sentía ningún tipo de afinidad por las aves en general. Más bien todo pájaro me daba fastidio. Poco a poco me fui interesando en los grandes y malos, y eventualmente aprendí a que me interesaran. De los pajaritos de esos tipo de jardín, Sudáfrica tiene aproximadamente 900 especies. Esos siguen sin importarme ni un poquito. Éste viaje sirvió para demostrarme cuánto he cambiado. No hice si no ver pájaros por todas partes. Pájaros grandes y malos y finísimos fue todo lo que vi. Nos quedamos asombrados de mi capacidad de encontrarlos por todos lados. De los más raros, vimos  Lappet faced vultures, White headed vultures, Martial Eagles y 3 ground hornbills.

Vimos búfalos, klipspringers (una especie rara de antílopes montañosos), una hiena, 3 rinos y 2 elefantes - considerando que hay una sobrepoblación de 7000 elefantes, no fue tan productivo. Pasamos muchas horas en ocio, discutiendo todos los temas posibles. En nuestro ocio le sacamos una foto a una foto de un leopardo en un árbol de Marula y se la mandamos a Erin. ¡Ja! Vamos a joderla y decir que vimos este leopardo. Hay una regla general cada vez que vas al Kruger: miente para que tu viaje parezca más emocionante de lo que realmente fue. 

Después de horas de nos ver nada sino pájaros, valía la pena intentarlo. Por esas cosas de la vida justo a la salida del parque, cuando habíamos decidió que el Sur era una mierda como los sures de todos los países, la vimos ahí, en un árbol de marula, acostaba disfrutando la vida en esa actitud gatuna tan característica. Una leopardo – instintivamente los 3 decidimos que era niña- hermosa, acostada y bostezando a 2 metros por encima de nosotros. Era hermosa. Los leopardos son hermosos. Esos ojos verdes profundos, esa misteriosidad que los caracteriza. Creo que David lloró cuando lo vimos. Repentinamente el Sur se nos hizo increíble, fantástico. Muy bien, mañana vamos al centro, a nuestra ruta de siempre, decidido. Es una guerra.

A la salida nos paramos afuera de un café que decía “Illy”. Los chicos no sabían que significaba eso, pero estuvieron contentos. Fue el mejor café del mundo y una manera esencial para mantenernos despierto hasta llegar a casa. A las 8pm fuimos 3 indios caídos.

Al día siguiente nos dimos el lujo de pararnos más tarde y tomar café a la entrada del Kruger. La batalla comenzaba bien. Vimos un elefante bailando en una duna 5 minutos después de entrar, 10 minutos después vimos una mamá Jackal con 6 cachorros. A las 8am el sur y el norte estaban empatados.  ¡Vamos norte!.

Pasamos los dos días buscando la oportunidad perfecta para una foto de bebés impalas. Nacen todos más o menos al mismo tiempo y Jan quería una foto de cómo 20 bebés juntos, en pasto verde y corto cerca del camino (sólo formuló éste deseo así después de que vimos unos 500 bebés). El 90% de las veces ó la grama era muy alta ó los bebés se fastidiaban porque Jan se tardaba horas en sacarles una foto. Fue una expedición y un reto muy grandes. Compramos champaña barata para celebrar cuando consiguiéramos la foto perfecta.

En nuestro segundo día musical, porque en el aburrimiento nos dio por empezar a inventar canciones, descubrimos que puedo hablar con las cebras. Siempre se voltean a verme cuando les hablo. También aprendimos que no puedo oler hipopótamos. Estábamos discutiendo sobre hipopótamos y repentinamente “they caught the scent of a hippo”. ¿Lo hueles? Sisi, super fuerte. Ale ¿lo hueles? No. Algo pasa con mi nariz que no huele a los hipopótamos y sé como huelen porque olí a Jessica. Ay no. ¡Qué desastre!. Si me convierto en ranger seré la peor del mundo porque podría asesinar a todos mis clientes por toparme por accidente con un hipopótamos por no poder olerlos. Estaba sumamente preocupada por mi fracaso olfativo. Sólo dos días después David me dijo “gotcha”. Qué tonta, lo que hace la inocencia interna que tratamos de esconder.

Vimos leones, elefantes bebés y en una nuestra expedición de búsqueda de wild dogs nos encontramos en una lago con un hipopótamos solitario que repentinamente vio invadido  su espacio por un centenar de búfalos que vinieron a tomar agua, y por un patito que no se dejó intimidar por sus dientes. Un espectáculo digno de natgeo que celebramos con nuestra champaña caliente.

Al final nos fuimos sin ver cheetahs o wild dogs pero los búfalos y el hipopótamo fueron bastante increíbles. El norte y el sur quedaron empatados. Fueron 2 buenos días, alejados de pensamiento inútiles, de problemas que siempre nos esperan, de intimidad con la naturaleza, de risas entre amigos.


Por eso siempre vuelvo, siempre que puedo.