domingo, 18 de diciembre de 2011

Sí, acepto.



Cuando digo que mi trabajo es variado, es variado. Me ofrecieron ir de intérprete a una boda francesa (¿Carlita no estás orgullosa?), a falta de gente que hable cualquier idioma que no sea afrikaans. Los reales extra siempre vienen bien, aunque me da miedo el horario: 530pm a 3am. No sé si en la actualidad mi cuerpo aguante todo ese tiempo, trabajando 20 horas seguidas.  ¿Cómo coño hacen los doctores? Yo compré redbull y se me olvidó en la nevera.

Salí corriendo del trabajo y llegué al sitio de la boda en la hilux destartalada del trabajo. Me río para mis adentros, me he convertido en una pueblerina. La boda es extraña, una mezcla a veces no muy armoniosa de afrikáners y franceses. Los estilos de ambas culturas muy bien marcados, no hay duda de quién pertenece a qué clan.

Es una novia del estilo hippie. El novio y el hijo están vestidos con ropa blanca estilo india de lino. La novia – que creo que está embarzada- lleva un vestido blanco y anaranjado. Horrorosa. Quién dijo que a las catiras les queda bien ese color?.

En la recepción están Cody y Hardus con Jolly, el cheetah. No importa que tan exótico creen que sea, a mi me parece nichísimo eso de traer un Cheetah a una boda y sacarse fotos con él. Muy innecesario. Es tan grotesco como llegar a la boda montado en un elefante. Hay que ver que este sitio le hace daño a la gente.

Me presentan a mi quincena de enanos franceses y empiezo a “perseguirlos” tratando de que no corran en frente del gato para no despertarle instintos depredadores. Ne courrez pas!  Le chat va te manger parece no tener ningún efecto en ellos. A los 10 minutos de estar ahí, una de mis niñas se cae. La distraigo con una flor y no le doy importancia. Esa es la maravilla de ser niño, el ADD que te hace olvidar casi inmediatamente lo malo y maravillarte instantáneamente con otro cosa (ayudó no se cayó tan duro y por esto funcionó).

A medida que la noche pasa y la música comienza, me convierto en la protagonista de mis pensamientos. Una protagonista lejana, desilusionada, golpeada pero tranquila al mismo tiempo.  Cuando pusieron el cover de Caballo Viejo de los Gypsy Kings me emocioné y una secuencia de fotos mentales asociadas a esa canción me pasaron por la cabeza. Veo la felicidad ajena y la saboreo. Hay algo en las ilusiones y la felicidad de los demás cuando es tan sincera que nos llena. Felicidad. Mirarse a los ojos, encontrar esa mirada que nos busca y se encierra  en nosotros al otro lado del cuarto. Es poder elegir, y elegir siempre la misma opción, siempre el mismo sabor. Ese sentimiento que no importa más en el universo porque esa persona está ahí. No hay dudas, no hay malos sentimientos. Hay camaradería.  Escuchar un “Hola bonita” y entregarse a perderse para siempre.

Creo que varios de mis amigos encontraron esto. Yo… bueno, mi posibilidad de sentir, ya no está ahí, las ilusiones me dan náuseas.  Me hirieron -claro- y me cansé. Lo  único que siento es nostalgia, nostalgia de aquél sentimiento, de creer en las ilusiones y de imaginar un futuro. Cuando dejo de imaginarme una historia casi autobiográfica me pican los pies, toda la música es en español. Caballo viejo tocado por los Gypsy Kings me mató de la emoción. Escuchar mi propio idioma no tiene precio. Llegan las dos enanas francesas con los brazos estirados a bailar conmigo. Como en una escena de película bailamos en el jardín descalzas.

La magia del momento dura media hora, llegó el sueño y con él, el llanto. Son apenas las 10, me quedan 5 horas más. Help me.

Amigas, cásense ya. Mari, cuento contigo, don’t let me down.