martes, 6 de mayo de 2014

Sobrevivir.

Los leones siguen siendo prolíficos. Pareciera que la consecuencia lógica y biológica de todas las andadas de las hembras dio frutos. Para ser más concretos dio 6 frutos. Hay 6 cachorros nuevos en la reserva. Siguiendo las tradiciones africanas, yo casi no los he visto. Es como un juego cruel del universo. A cualquier persona se le arruga el corazón al ver a esas bolas de pelo manchadas, pero a las niñas más. Como yo los quiero ver más que nadie, yo no los voy a poder encontrar…jamás. Un día, por una equivocación del universo, finalmente los conocí. Seis peludos. Enanos que derriten el corazón. Amor y gruñidos por todos lados, porque asi son los leones. Se quieren, pero con espacio.  


Después de esa vez, pasaron meses y nos lo vi más. Vino mi mamá y vimos la oreja de uno, así escondida entre la grama. Como con cualquier relación unilateral, poco a poco uno pierde el interés—y el amor. Pasaron semanas. Habían leones pero no leoncitos. Bah. Estúpidos. Haciéndome sentir como novia desesperada. Claro está que apenas tuve unos días libres, ellos los olieron. Ellos lo sabían. Volvieron. Ahí al ladito del camino. Jugando entre las piedras. Posando para las cámaras de los demás. Si ellos pueden yo también. Los ignoré y no fui. Decidí no consultar psiquiatras. Pelear con leones que no saben que existe es válido, no he perdido la cabeza. Es cosa de todos los días.

Inesperadamente, porque sabían que ya tenía una excusa válida, ellas cambiaron sus planes. Así como son las leonas, ellas decidieron que había llegado la hora de ir a buscar la cena (y todas las otras comidas con postre), y se fueron dejando a los cachorros escondidos entre las piedras. Son muy pequeños todavía para siquiera hacer el intento de ver qué tan rudas son sus mamás. Cuando las mamás trabajan, ellos se quedan en la guardería. Varios días.

“Claro que tienen que volver. Ya vas a ver que mañana están por ahí”.


Quinto día: “I’ve got visual of just one”.

Sexto día. La situación empeora.

“I checked their last position. Lots of hyena tracks in the area”.

Con este corto mensaje, un ranger sentenció todas nuestras esperanzas de volver a ver los cachorros. Después de casi una semana por su cuenta, la naturaleza había reclamado lo que prestó. Hienas en la zona solo puede significar una cosa: están muertos.

Es terrible como el corazón se te rompe un poco por el cariño que le tomas a individuos que realmente no son parte de tu vida, de la misma manera que sientes rencor porque no entiendes el por qué de las acciones de otros. Ser madre feroz se vuelve cada vez más incomprensible.

“Stations I’ve got nkonzo (huellas) of ngala and mantuana heading east”

“Duane sorry, go again with that update”. Hay huellas de leonas y cachorros. De todos. En el extremo opuesto de la reserva. Son al menos unos 12 km de distancia. No puede ser.

“ Stations, located this ngala on a bamba. 4 females and 6 cubs”.

Y así, de repente, la vida había vuelto. Las leonas no abandonaron a los cachorros a su suerte como habíamos creído. Las leonas estaban pasando por una mala racha, no lograban cazar nada. Ellas también tenían hambre. Cuando finalmente lograron cazar un antílope de agua, caminaron kilómetros de ida y de vuelta para ir a buscar a los cachorros y llevarlos a comer. El espectáculo fue al principio, un recordatorio de la vida en lo salvaje.

África es única. Impasible ante las grandes derrotas, pero también ante las grandes victorias. El ciclo de la vida en su más cruda y real expresión: para que alguien sobreviva, alguien tiene que morir. Todos tenemos una tarea y un destino que cumplir. Ninguna tarea es más importante que otra, ninguna es superflua. Aquí, todo encaja como un rompecabezas.

Durante días disfrutamos ver a los cachorros ponerse gorditos. Ver sus barrigas llenarse de carne, ponerse más tremendos y disfrutar al máximo de su madres. Life had never been so good.
Las leonas decidieron quedarse por el área, y dejar a los cachorros no tan lejos, mientras continuaban la búsqueda de comida. Poco se imaginaban que los 3 machos del sur habrían de volver e ir al Norte, buscando otras leonas solteras. Durante varios días hubo cierta tensión. Los leones estaban sobre el rastro de las hembras, pero ellas lograban esquivarlos y esconder a sus cachorros. Todo parecía ir bien. El peligro había terminado.

“Stations I’ve tracks for male lions going east. Seems like they were chasing zebras” – anunció Tristan por el radio.

“Wuju!” pensamos todos. Un poco de acción, huéspedes contentos. La mañana prometía ser entretenida (quizás no tanto para las zebras).

Minutos después:


“Stations I’ve located one of the mantuans (cachorros). Seems like these males got to it”.

Al ver a la cachorra tirada en medio del camino, respirando de manera extraña, la niña de 12 años le pregunta a Tristan:
“What’s wrong with it?”
“She’s busy dying” – respodió.

A los machos los conseguimos un poco más al sur. Todo aguantándonos las ganas de pisarlos con el carro. Parecía injusto que después de todo, este fuera el final.

Ella no sobrevivió; sus hermanos tampoco.