miércoles, 7 de mayo de 2014

Xovonekela.

Los leopardos son animales territoriales. Las hembras no comparten con hembras, y los machos se pelean con los machos. Nadie quiere compartir a menos que alguna relación consanguínea los obligue de alguna manera. En mi reserva las hembras son más simpáticas y hay más. A mi me caen mejor y pierdo menos tiempo con tonterías de macho. Es por esto que en mi vida sólo hay 2 leopardos de importancia: Xovonekela (sho-vo-ni-que-la) – Xovo para los panas- y Mandleve (Orejón) – el hermano menor de Scotia.  Xovo ha sido el macho dominante del Este por un par de años ya y al parecer no ha tomado muy bien la intrusión e imposición de Mandleve como “the next big thing”. Yo secretamente siempre le he ido a Mandleve, mi corazón siempre va a aquellos que tienen más probabilidades de tener que pelear más para ganar. Con Xovo nunca he tenido una relación especial. Como hasta la llegada de Mandleve había sido el único, pues nuestra relación era un puro “peor es nada”.

La leyenda cuenta que Xovo tiene una historia semi trágica. Nació y creció en el Norte antes de tropezarse por estas tierras e imponerse como el rey. Su madre murió cuando el y su hermano eran jóvenes y fue su abuela la que los adoptó. Eso dicen. Uno creería que alguien que el Universo salvó de tal manera, sería un poco más misericordioso. Aparentemente ese no es el caso. Esta historia, querido lector, es una historia sin final feliz.

A pesar de que Scotia y su cachorra tienen un gran pedazo de mi corazón, hace un año que otras 3 ocupan mi corazón: Outcrop y sus 2 cachorras. Cuando nos conocimos, nos tropezamos en mi camino preferido. Iba con una familia de 3 y de repente, viendo de lado, no fue una sola cola con manchas la que vi adentrándose a mi derecha, fueron 3. Jamás nos habíamos visto, pero ella fue una campeona. No se detuvo, pero tampoco se asustó. Mi corazón iba a mil. Ella estaba llevando a sus dos cachorras a comer. Yo estaba sola en el Oeste y había una selva entre nosotras. Yo les saqué fotos, mi corazón se derritió por aquellas bolas de pelo. Meses pasaron y no nos vimos más. Yo, como una tonta, volvía siempre al camino con la esperanza de tropezármelas. Su jardín era demasiado grande, nunca corrí con tal suerte. Hasta que un día, todo cambió. Enock las consiguió. Yo las fui a ver y me enamoré otra vez. Después de eso, ella se quedaron por la zona. Yo me las tropecé más veces. Manejé siempre por el camino de Kay cruzando los dedos, esperando tener suerte ese día y verlas. Me convencí que para verlas, tendría que ir al Oeste. La mayoría de las veces funcionó. Y de qué manera.


El domingo de Pascua Jono se consiguió a Xovo cerca del lodge. Mi mañana había sido bastante aburrida asi que ir a ver un leopardo podría hacer las cosas un poco mejores.

“Stations, Xovo’s got a bamba. A mampinpam ingwe bamba”.

Yo lo traduje al inglés:” Xovo’s got a kill. A Young leopard kill”
Mi cerebro no procesaba.
Tuve que traducirlo al español: “Xovo mató algo. Xovo mató a un cachorro de leopardo”.

Nono. Estas cosas no pasan. No puede ser. Algo no está bien. En el área había estado una leopardo con sus dos cachorros. La zona en la que el evento ocurrió era donde casi siempre veíamos a la hembra Wilson’s Pan – la mamá de Scotia – con sus dos cachorros. Una hembra y un macho. Xovo tenía que haber ido a por el macho. Era la única explicación plausible. El macho es futura competencia directa, la hembra no. Xovo mató a la hembra. No sólo la mató, la arrastró y la montó en un árbol, también intentó comérsela. El canibalismo no es algo común. No es la orden del día. Toda la situación fue inesperada. Insólita. Indeseada. Nada tenía sentido. Hay almas perturbadas, no importa la especie.

Nosotros tomamos fotos del cachorro. Había que tratar de identificarla, de demostrarle a Landon que estaba equivocado, que esa no era una de las cachorras de Outcrop. Al día siguiente del evento, la madre y la hermana volvieron a buscarla. La llamaron, la buscaron y trataron de bajarla del árbol. La cola rota de la leopardo bastó para confirmar lo que no queríamos admitir.

Dicen que los animales no son capaces de llorar a sus muertos, que no son capaces de tales emociones. Yo no sólo sé que lo hacen, yo los he llorado con ellos.