viernes, 1 de marzo de 2013

Kwela Kwela

Después de la euforia que produjo en mi corazón ver una bola de pelos con manchas, llamada cachorro de leopardo, el universo tenía que volver a tener un balance, devolviendo mi relación con los leopardos a su habitual estado de amor-odio. Más inclinado al odio para ciertos individuos.

Entre los leopardos que vemos de manera más o menos regular, hay otra chica hermosa llamada Kwela Kwela. Su nombre significa “climb climb”, por su hábito de encaramarse en los árboles cuando se ladilla de ser el centro de atención. El nombre no es lo máximo en mi opinión y es quizás por eso que no es tan,tan simpática. Algún día me gustaría preguntarle. A pesar de que ella también es una leopardo que te hace la vida “sencilla”, mi relación con ella no es la mejor y yo, sinceramente, creo que es culpa de ella. Me explico mejor. Kwela Kwela vive en un área, en la propiedad de al lado, que es famosa por ser mi némesis y hacerme quedar en ridículo. No basta con que hayan caminos con unas 15 intersecciones, si no que además hay unos 300 atajos entre todos los caminos, intersecciones y más caminos.

Kwela Kwela vive en el triángulo de las Bermudas.

La primera vez que la vi fue durante mi primera semana como ranger. Necesitaba con desesperación conseguir un leopardo para una pareja de recién casados que habían venido por 5 noches. Esa misma mañana se iban y nada de leopardos por ningún lado. Finalmente tuve que ahombrarme a hacer lo inevitable: ir a la propiedad de al lado y rogar tropezarme con alguno. Finalmente apareció uno y tuve la buena suerte de ponerme en standby. Cuando mi chance de llegar a verla ocurrió, Juice –el tracker- y yo, nos dimos cuenta de la cruda verdad: estábamos perdidos. Anuncie en el radio que “I took the wrong turn”, así que si alguien mas quería ir a verla, podían ir delante mío. Nadie más quería verla. Finalmente, unos 45 minutos más tarde, llegué al sitio. Por pura suerte porque no tenía ni idea de donde estaba. Después de todo lo que había pasado, me quedé con ella un buen rato. Mis huéspedes estaban en las nubes porque además posó hermosamente. Creo que si no lo hubieran estado, yo hubiera estado bien dispuesta a insultarlos, toda la humillación que paso no es jamás de gratis, jamás. Ese día además, Kwela Kwela fue súper simpática y nos mostró cómo caza un leopardo. Entre mis huéspedes, habían algunos que, a pesar de estar repitiendo la experiencia del safari en África por 25ª vez, nunca habían visto nada comerse a nada. Era esa época del año en la que los impalitas están a la orden del día y carne tierna fue lo que Kwela Kwela prefirió del menú. Listo. Huéspedes contentos, mi vida continua.

Semanas después, un poco más valiente, dejé que Patrick – otro tracker- dictara el curso de nuestro safari, pues total yo no estaba preocupada buscando nada. A veces me doy el lujo de pasear y ver qué consigo sin tener que estar obsesionada con nada, todo fluye y funciona. Finalmente llegamos a  una intersección.. hay huellas frescas de leopardo. Procedemos a seguir, a ver qué conseguimos. Allí está ella nuevamente. En medio de un área abierta, viendo unos impalas en la lejanía, ocultándose detrás de su perfecto camuflaje. “Patrick, what’s the name of this road?” “I don’t know”. Buena vaina. De acuerdo al protocolo, si consigues alguno de los 5 grandes tienes que avisar por el radio, so pena de meterte en un peo si alguien te cacha. Yo, con mi suerte, consiguí un leopardo en un camino que no está en mi mapa. Llamó a Jack en el canal privado. “Jack, I’ve got a leopard here. Don’t know where I am. Do you have a road that goes north on toulon Access?”. “No Ale, there’s no road there” “I’m tellling you there’s one, and I’m there”. Jack se ríe, no hay esperanza. Ésta tampoco es su área. ¡¿Quién consigue a un animal en un camino que no existe?!.  Me siento Alicia en el país de las maravillas. Llamó al Head Ranger de al lado por el canal privado. Le digo donde estoy. Su respuesta es “Oh, that’s a new road, it’s not on the map”. NO-JODA. Un poco de ayuda divina vendría bien. Bermudas 15, Ale -10.


Un par de semanas después, durante la época de las inundaciones, decidí aventurarme  de nuevo por el área. Sintiéndome mejor con los caminos principales, pensé que no podía ser tan grave. Después de ver unos leones (para los que me perdí llegando), respondí – por presión de Eddie, el tracker- a una leopardo. Para mi sorpresa, era Kwela Kwela nuevamente. Alarmas tuvieron que sonar en mi cabeza, presagio de que ver a dicha gata siempre terminaba mal para mí.  Deseché el pensamiento porque como dice mi Tía, hay que ser positivos.

¿Mencioné que había llovido sin parar durante días? Cediendo a la presión del tracker, fui a ver a la gata. Pero claro, como todos los pensamientos positivos forzados, la cosa no terminó bien. Me quedé pegada, luego de que mi carro se hundiera en el barro, al lado de Kwela Kwela. La situación era absurda. No podía hacer nada porque desde el ángulo en donde estaba, no podía ver si ella seguía allí y, bajarme para ver qué tan grave era la situación, no era la mejor opción dada la presencia de un animal salvaje. Más irónico aún fue que el ranger que la vio antes que yo, también se había quedado pegado. No podíamos pedir ayuda, ni ayudarnos porque ella estaba ahí. La tragicomedia de mi vida con Kwela Kwela, alcanzó un estado épico de absurdidad. Finalmente, como a la hora, vimos pasar una hiena por donde ella estaba. Listo, ella ya no puede estar aquí. A trabajar pa’ sacar este carro de aquí se ha dicho. Claro, para continuar con las leyes de Murpy, yo estaba en chores y solo habían árboles y matas con espinas. Me quedé pegada al lado de un leopardo. La tortura y las burlas duraron días, porque además, por las cortadas y rasguños en mis piernas, parecía que ella y yo habíamos tenido un encuentro cercano, y yo, claramente, había perdido.

 El epítome con Kwela Kwela ocurrió más recientemente. Fue tan vergonzoso que no me he atrevido a socializar con los rangers de ese lado, ni a volver a buscar leopardos de ese lado. Una tarde de poca importancia, decidí ir con mi mapa a explorar el triángulo de las Bermudas con unas huéspedes que realmente me importaban un bledo. Como me importaban tan poco pensé que era una buena tarde para tratar de aprenderme las intersecciones y los caminos en esa zona, para no quedar siempre en ridículo. Mi papá siempre dice “ayúdate para que Dios te ayude” y ese mismo pretendía hacer yo. Pues no, el universo tenia otros planes para mi reputación. Paseando por el triángulo de las Bermudas, parándome en cada intersección para ver mi mapa, conseguimos un leopardo en un árbol. Claro está que lo conseguimos cuando me distraje y no vi el mapa. Coño, otra vez no sé donde estamos.  Million – otro tracker- tampoco sabe donde estamos. Coño. Pensé en no decirle a nadie, basta de hacer el ridículo. Escucho un carro cerca. Mejor lo pido ayuda, no vaya a ser que después sea peor. Llamo a un amigo en el canal privado. “Tengo un leopardo, está aquí, no se donde estoy, ayuda”. Básicamente ese fue mi mensaje. Poco me imagine yo que el iba a publicar en el radio 30 segundos después que había conseguido un leopardo en un árbol. Pero digo yo, si te llame en el canal privado para pedirte ayuda ¿no es obvio que quería esperar antes de anunciar el bendito animal y qué el caos se desatara? Pues no. Hay gente que no puede escuchar la palabra leopardo porque colapsa. Después de decidir dejar al animal- y ver al universo burlándose de mí en la cara de relax total de Kwela Kwela, fui a buscar a los otros rangers para que vinieran a verme. Con el rabo entre las patas me disculpé con todos por el radio y me fui. Al día siguiente Jono me arrastró a enseñarme los caminos del triángulo. A pesar de que los entiendo mejor ahora y creo que me los sé, el sólo pensar en mi último suceso hace que me dé gastritis. Es absurdo que todas estas cosas me hayan pasado viendo al mismo animal. Me da ganas de esconderme y no salir más. Me encantaría pensar que Kwela Kwela y yo tenemos algún tipo de conexión porque siempre nos encontramos, pero yo creo que la única conexión es que ella tiene ganas de joder. Siempre que la veo ó me pierdo, ó ya estoy perdida. Quizás con ella sea verdad eso de “hay que dejarse perder para encontrarse”. 

A mí sólo me gustaría que no fuera tan vergonzoso. Digo, las primeras 3 veces fueron suficientes.



Feliz San Valentin.



Mis papás se casaron el 14 de Febrero. Si alguien conoce a mis papás sabe que es la ironía más grande del mundo, debido a famosasu indiferencia a todo día importante en la cultura social. Debo decir que ésta indiferencia es un rasgo familiar transmitido de generación en generación. Por regla general y debido a mi corta experiencia de vida, el día de San Valentin es una fecha de esas que ó se me olvida (causando peleas con novios pasados) ó, es una fecha que tiende a decepcionarme debido a la presión social. Si uno necesita un día universal para demostrar amor y amistad, hay muchas cosas mal en tu vida. Lo siento. Un “feliz día del amor y la amistad” no causa sino arrechera cuando viene de alguien que durante todo el año no se digna a darte la hora del día.

Éste día de San Valentín sin embargo, comenzó como debía: sin expectativas. En una de esas mañanas de trabajo, en la continua lucha por encontrar leopardos, decidí “responder” a un sighting. Eso básicamente quiere decir que alguien más se topa o encuentra al animal, y en una misión de coordinación digna de los marines (a veces), eres bienvenido a ir a ver dicho animal. Generalmente cuando alguien encuentra un leopardo es caos. La situación más o menos ocurre así:
-“Stations I’ve got an  ingwe (leopardo en shangaan) on Kingsway, static on the Eastern side of the road”.
-“Copy that, can I come and join you there?” – dice el que más rápido agarra el radio y que está más cera.
“Make your way” – responde el que lo encontró.

Después de eso empieza el caos. Sólo 2 vehículos pueden ver al animal al mismo tiempo por lo que empieza la “cola” ó, en la jerga del radio, standby 1,2 y 3. Cuando hay 3 en standby eso quiere decir que hay “full rotation” (cosa que ocurre cuando lo que encontraste es muy bueno ó cuando hay una falta de leopardos). Sólo te puedes poner en cola otra vez después que se van liberando los standbys. Responder a un sighting no quiere decir que cuando te pones en cola puedes ir a verlo en los próximos 5 minutos, dependiendo de cuando respondes y quien tienes por delante el asunto puede tomar bastante tiempo. 

En una mañana común, yo respondí a un leopardo. Mejor dicho, a una leoparda. Dicha señorita es conocida como Scotia, llamada así por el lugar en donde la encontraron por primera vez. Scotia es una de las leopardo que está en el top 3 (posición debatible porque creo que es la única que me cae bien). Es extremadamente relajada con los vehículos, no da problemas, es bonita y en general es un placer verla. No te hace la vida difícil porque en términos humanos, es bien pana. Los últimos meses de la vida de Scotia, ha habido señales de que Scotia ya no es chiquita y es mamá. Siendo una chica tan fenomenal, la expectativa de ver a su primer cachorro es altísima. Para nosotros eso es como el evento del año. Más que los oscars, hacer cola para el nuevo iphone o ir a ver el hobbit. Ver un cachorro de leopardo está en el top 3 de cosas que un ranger puede querer ver en su vida (hasta los que son como yo que prefieren a los rinocerontes). Si ya a los adultos es un peo encontrarlos, imagínense lo que es conseguir a un cachorro que para asegurarse de poder sobrevivir, tiene que estar escondido todo el día.  Ese día, después de unos 25 minutos en standby, me llaman a ir a verla. Aleluya. Cuando llego al sitio la muy pajua acababa de meterse al monte. El ranger que la encontró – de esas personalidades medio difíciles- fue más o menos forzado a irse después de haber pasado casi 40 minutos con ella. Hay gente que no sabe compartir a los gatos. Cuando el se va, Jono me indica el lugar en donde se metió. Imposible seguirla con el carro. Cuando el otro carro se va, Jono me dice: “she went in there, she was making contact calls”. Todas las alarmas en mi cabeza empiezar a sonar. Contact calls equivale a mamá llamando a bebé. 

El cachorro tiene que estar escondido ahí. A juro. Dividimos fuerzas, yo voy a esperar al fondo de la colina por donde ella entró y Jono va a subir al tope a ver si la ve de ahí. Después de 5 minutos estoy ladillada, se me olvida el cachorro. Sólo quiero que salga para que mis clientes la vean y yo no tener que preocuparme más por conseguir leopardos los próximos 3 días.  Después de todo, los leopardos me odian.

“Ale, go channel 3” (canal privado del radio, usado para conversaciones más largas)
“Go ahead”
“Ale she’s here, and she´s got the manpinpan” – dice Jono con la voz que le tiembla.
“No ways!” – gritos de emoción total en mi cabeza.
“Just give me 10 more minutes and I’ll leave her to you”.

En ese momento le digo a mis huéspedes que por los próximos 10 minutos sólo íbamos a esperar porque a pesar de que existía la posibilidad de que ella decidiera irse, éste era nuestro mejor chance en la vida –literalmente- para poder ver a un cachorro de leopardo, hijo de la mamá mas cool de la zona. Yo no pretendía moverme. Aquí que me quedo. Diez minutos después Jono me llama por el radio, sube a la colina, te lo dejo a ti. Siendo un animal tan pequeño, el protocolo indica además que para no estresar al cachorro ni a la mamá, sólo un vehículo puede ver al enano a la vez. Mi corazón empezó a latir a 834589435, ante la expectativa de tener todo eso para mí sola. Bueno, y mis huéspedes, pero bien poco me importaban ellos en ese momento. 

Hay regalos que el universo manda que son pa’ uno nada más.

Cuando subí al tope de la colina el cachorro se escondía. Luego de un par de minutos decidió que el hambre podía más y hasta se caló el baño de la mamá. Minutos después Scotia y el cachorro se metieron mas al monte y fue imposible verlos. Yo decidí retroceder hasta el camino y esperar ahí a ver si salían. Si ella lo llevaba hasta allí, eso habría sido el súper bono extra. No sólo lo hizo, si no que además, siendo tan simpática como es, ella se acostó a unos 10metros de la land rover y ahí se acostó, como si nada. Creo que nunca en mi vida me ha costado tanto controlarme para parecer “profesional”. 
De repente, gracias al celular de unas de mis huéspedes mongólicas, el cachorro se metió pal monte. Yo seguí esperando viendo a ver que hacia ella, quien no estaba ni remotamente preocupada.  Scotia se paró y fue al monte a llamar al enano y volvió a acostarse, pocos minutos después el enano volvió a aparecer, siempre viéndonos de reojo, un poco preocupado. Yo, en toda mi empatía imaginaria, sentí que ella me estaba presentando al cachorro oficialmente. Ella, una leopardo, me estaba dejando ver a su posesión más valiosa: su primer cachorro.  Sé que es difícil de explicar y probablemente crean que estoy loca, pero yo creo que Scotia sabe que me cae bien y yo le caigo bien. Y en ese día de San Valentín, ella decidió honrarme con presentarme a su bola de pelo. Nada mal ¿no?. Finalmente, cansada de ese sitio, Scotia se encaminó a un pozo de agua cercano, con el cachorro corriéndole y saltándole a los talones, volteando de vez en cuando a vernos y decirle a su mamá que “hay una roca gigante que nos sigue”. Cuando se echó en un nuevo sitio, decidí que había sido perfecto y le di chance a alguien más de venir a verlos. Yo ya tenia una sonrisa garantizada en la cara por el resto de la semana. La felicidad, hay que compartirla.

De vuelta en la oficina una de las chicas empieza a molestar a Jono, pues yo, obviamente no había llegado aún de mi safari.

“So, Jono where’s Ale? What did you do to her?"
“I gave her the best Valentine’s gift ever”
“Oh yeah? What’s that?” – dijo en tono burlón la chica tonta.
“A leopard cub sighting”. Indeed, qué regalo fue.

Al llegar a la oficina esa mañana y decir “good morning”, 3 de mis amigos saltaron inmediatamente. “Come on, don’t come in here pretending nothing’s happened. We want to see the pictures now!”. Yo me reí y entregué mi cámara a los ojos curiosos, la emoción generalizada llenó todos los rincones de esa oficina. “Too much, it’s too much”.  No hay corazón que no pueda enternecerse a la visión de un cachorro.

A veces, sólo a veces, por esos motivos sin explicación, el mejor regalo te lo da alguien quien tuvo ayuda inesperada del universo. Yo.. bueno, yo tengo las fotos para probarlo. Los leopardos y yo tendremos siempre una relación de amor y odio, pero la esperada bola de pelo hizo que se me encogiera el corazón y –cómo dicen en inglés- made me feel all warm and fuzzy inside, sentimiento apropiado considerado que en mi corazón no cabía más amor éste día de San Valentín.

Gracias universo, gracias. Fue perfecto.

lunes, 25 de febrero de 2013

Perfect Weather for Hippos.


Hay una expresión climática que dice “perfect weather for ducks”. Aquí, debido al sitio donde vivo, cuando el clima es una mierda para los humanos, decimos que es “perfect weather for hippos”. El verano mojado continúa. Más nos acercamos al final de Enero, más apocalipticos se vuelven en el lodge. Nuestra vida se mide ahora en milímetros de lluvia. Más de 10 y es un desastre. Hace un año exctamente el río Sabi, ayudado por un ciclón, se tragó al lodge entero. Se lo tragó tan entero que tuvieron que evacuar a todos los huespdes usando helicópteros porque no habia manera de salir de la propiedad por los caminos de tierra.


La mañana del 18 de enero Accuweather no preveía mucho sol para el resto de la semana, el falso optimismo fue la regla día. Después de una lluvia intermitente Jono, Kyle y yo decidimos que no ibamos a dejar que la lluvia dictara nuestra vidas y nos fuimos a una parrilla con los rangers de la propiedad de al lado. Siempre es bueno socializar, salir de aquí y ver gente nueva, que además te cae bien porque no vives con ellos. Nos burlamos de las hienas que se resbalaban en el barro y comentamos qué tan cansados estabamos del clima temperamental. Entre bromas y risas, la lluvia aumentó intensidad y a las 11pm decidimos que era hora de volver a nuestro hogar, antes de que todos los caminos se inundaran y el rio nos llevara dentro del “maroon baloon”, el kia de Jono, el cual, a pesar del nombre, no flota. El 18 de enero –un año exacto de la fecha del inicio de la gran inundación- empezó a llover. Y llovió. Y llovió. Y siguió lloviendo corrido al 19. El 19 nos levantamos mojados. Mi baño se inundó y el agua se expandió por todos lados. Tuve que usar una escoba para sacar el agua que queria comerse todas mis posesiones materiales.

El 19, a eso de las 8am declaramos nuestro estado de emergencia. Si el río sigue subiendo hay que empezar a pensar en evacuar a la gente. En las contradicciones gerenciales de este sitio, al mismo tiempo que caia la paranoia de cómo evacuar a la gente, todo el equipo de rangers y trackers fue puesto a disposición para traer y llevar a toda la gente que tenia que ir o irse del lodge. No hay nada más ladilla que manejar un carro con techo pero sin paredes bajo la lluvia. Por horas. Bajo presión todo funciona bien. Bueno casi todo. Hubo ciertas pérdidas materiales (un radio y la puerta de la land rover), pero considerando todo lo que manejamos, la velocidad y el nivel de agua, la operación fue todo un éxito. Anotado en mi corazon sin embargo, quedo el hecho que después de todo el día manejando y trayendo gente, ni las gracias nos dieron. Ingratos.

A eso de las 4pm la lluvia estaba en su apogeo. Habiendo ido a buscar huéspedes en un hotel afuera de la reserva, no tenia muchas expectativas de poder cruzar el río de vuelta. A mi vuelta, a pesar de que el río estaba más bajo, ésta fue mi vista:


Al llegar de vuelta al lodge la primera pregunta que hice fue “do we still have a river deck?” Nuestra terraza del río, donde los huéspedes se divierten durante el día (porque sinceramente no hay nada mas que hacer si no estás en safari), ha sido una importante fuente de preocupación. Con menos de 8 meses de edad, el lodge entero estaba dividido ante la suerte de su destino.

Claramente, the deck didn’t make it. Bravo por los que nunca tuvieron esperanzas.

Después de todo el amarillismo, dos días mas de lluvia y sin poder manejar por la mitad de la reserva, todos sobrevivimos. El nivel del río bajó y los hipopótamos volvieron al agua. Tres días después, cuando logré cruzar hacia el oeste del río, me sentí como una exploradora, curiosa ante todo lo que el agua se había llevado y había dejado. Nada para sentirse mejor que verse envuelto en la grandeza de un área nueva, pero vieja para volver a descubrirla entera. 

domingo, 20 de enero de 2013

¿Verano? JA!



Cuando uno piensa en el verano, generalmente nos imaginamos a nosotros mismos en una playa con un cielo azul. Cuando uno piensa en el verano africano, pensamos en un calor único, un hermoso cielo azul y mucho polvo. El verano por estos lados es un poco diferente. Es una mezcla entre un verde denso que está por todos lados –producto del sobrecrecimiento de las hojas de los árboles- y un marrón barro –producto de todo lo que llueve y te mojas. El verano, como dijo una vez Gustavo, no es azul. Con una aplicación del clima que solo predice lluvia los próximos 15 días, el optimismo del verano tiende a desaparecer. Sobre todo cuando las comparas con otras aplicaciones y todas predicen los mismo: lluvia – o como dicen aquí: makhulu mfula (que jode lluvia). Francamente –nunca pensé que diría esto- pero no puedo esperar a que vuelva el principio del invierno. No el invierno completo porque después me ando congelando. Eso de la inconformidad es característica inherente a todo ser humano. Sólo pido un poco menos de lluvia, barro, huéspedes irritables e insectos. Es más, me calo todo con tal de que se vayan los insectos. Están por todos lados. No bastaba con la invasión de arañas de mi cuarto, ahora las termitas y demás cocos y bichos insufribles han decidido tomar refugio en la “mansión” africana número 11. Al principio de las lluvias mi relación con todos los bichos fue bastante ecológica. Mantis religiosas, insectos palitos, arañas, mariposas y demás, fueron delicadamente removidos de mis aposentos y lanzados de vuelta al mundo verde... 

La verdad que para los que me conocen, la paciencia me duró bastante. Ahora, me tienen podrida. No basta con que hayan tomado por completo mi cuarto, sino que algún miembro de este submundo detestable de seres vivientes, decidió causar una reacción alérgica que va desde mi cuello hasta mis rodillas. La paz se acabó. Cada 2 días voy cargada con mi lata de Doom (el “Raid” de aquí) dispuesta a matar a toda vaina que tenga más de 4 patas y un par de alas, no me importa tener que barrerlos fuera de mi cuarto al día siguiente. Araña que encuentro en los momentos sin Doom, zapatazo que sale volando de mis manos. Me cansé. A veces me pregunto si así se sentirán los países del mundo cuando llegan refugiados malagradecidos. Yo menos mal tengo la potestad de matar a cuanto bicho me provoque. Como decía Power Pete “no more mister nice guy”. No exagero, si lo pensamos seriamente ¿cómo puedo verme seria en un safari cuando no puedo dejar de rascarme? Seguro la gente piensa que tengo pulgas. 
El zyrtec ha ayudado así que ahora no me rasco más, sólo parezco drogada. Es increíble cómo cualquier anti-alérgico es capaz de noquearte en segundos. Entre los dos males, prefiero no rascarme más. Útil es también que a veces el clima me ayuda y si me rasco mucho, nadie lo nota por la lluvia. Generalmente los huéspedes se empeñan en salir – a pesar del diluvio- con la arrogancia de mente que aún si llueve, los animales se quieren mojar. La arrogancia humana de que los animales son pendejos y se quieren mojar, siempre me sorprenderá. Estoy segura que los leopardos se ríen de nosotros mientras vamos por ahí como ratas mojadas, debajo de ponchos que no son realmente impermeables, mientras ellos duermen montados en un árbol. Para colmo, cuando llueve no podemos rustiquear por ahí así que estamos limitados a lo que pueda verse desde los caminos. Caminos de barro que a veces cuando manejas hacen que tu carro se deslice en diagonal. Es generalmente por éste motivo que aumentan las peleas y el drama. Hay caminos que se cierran y todos queremos salir corriendo a la propiedad de al lado donde son más liberales. Eso sí, cuando ellos cierran los caminos, no queda si no decir buenas noches.

Dos meses más para el invierno. Vamos que se puede.

jueves, 3 de enero de 2013

Y se nos fue!



Este año tuve la horrible experiencia adulta de tener que trabajar en Navidad y año nuevo. La verdad es que no pensé muy bien en esto cuando decidí meterme a trabajar en la industria del turismo. Trabajar la última semana del año, y estar lejos de tu familia mientras lo haces, es una mierda. No hay otra manera de decirlo. Es de esas cosas que te pone de malhumor sin saber por qué. Mentira, si sabes por qué. Trabajar en las festividades significa que además de tener que trabajar tienes que sonreír mientras te explotan. Te conviertes en una pieza más y lo único que importa es que hagas tu trabajo sin derecho a protestar, a pesar de que tu turno de trabajo se extienda a unas 14 horas por día. Menos más que la desdicha siempre busca compañía, así que terminamos en una situación absurda de risas en un equipo de 13 personas, al ver nuestras caras no tan felices. No queda más si no seguir adelante y reírte mientras lo haces.
En Sudáfrica la ultima semana del año es todo menos blanca. Mas bien yo diría que es color cielo azul con toques de barro aquí y allá. Aquí – en el país de los locos- el verano es mojado. Con una temperatura promedio de 38 grados, he pasado una semana derritiéndome, duchándome en promedio unas 4 veces por media. Siempre con agua helada pues tengo miedo que si no hago algo para bajar mi temperatura me va a dar un infarto.
El 31 cayó en una de esas tardes asquerosamente calientes. Los huéspedes se quejan del calor y de alguna manera indirecta te culpan. La verdades que no puedes hacer nada si no manejar un poco más rápido para que les pegue un poco de brisa en la cara, mientras piensas que los gerentes del lodge te jodieron otra vez. El 31 nos toca cenar con los huéspedes en el caudal del río en frente del lodge. Esto quiere decir que como estamos fuera del perímetro del cerco eléctrico, tenemos que llevar nuestro rifle y nada de andar tomándose una champañita a las doce porque con armas no se bebe. Pff.
Ante el calor ahogante de la tarde y el terrible prospecto de recibir el año nuevo sobrios, nos encaminamos todos al último safari de la tarde. Mi tarde transcurrió derritientemente bien hasta que me topé con un elefante.. y un ranger malparado. Cómo “dijéramos” folklóricamente en Caracas, “encontrábanos” nosotros viendo un elefante macho y sus 5 patas, a una distancia segura, cuando un ranger

Súbitamente el elefante decidió que yo estaba demasiado cerca del él. Abrió las orejas y se me vino encima. ¡FAMBA FAMBA! Gritó Patrick el tracker. Jamás había arrancado tan rápido en segunda. Nos vamos. Temblando que no podía pisar el cloche, traté de aparentar en frente de mis huéspedes que yo soy la ranger cool, mientras se podía cortar con un cuchillo la tensión entre Patrick y yo. Patrick en teoría me había dicho que me echara hacia atrás cuando el otro ranger nos cortó la vía de salida. Patrick habla en una frecuencia que yo no escucho, así que él pensó que yo había ignorado su consejo y estaba arrecho porque pensaba que me las había dado de macha. Yo estaba arrecha por el otro ranger atravesado y pajuo y por la situación en la que me había metido que pudo haber terminado de otra manera completamente. Por suerte todos los santos y los ángeles me cuidaron una vez más y no pasó nada. En menos de 2 semanas ya he tenido 3 elefantes maricos atravesados. Patrick siguió arrecho conmigo todo el día y yo no pude hacer más que disculparme. “Lesson learned, we’ve all done it, don’t worry about it” -me dijo Jack, tratando de hacerme sentir mejor cuando le conté y vio que me sentía como un pupú. Me cuido de los elefantes y los rangers egoístas de ahora en adelante.

A eso de las 630pm, y temblando aún por el elefante, todos fuimos a uno de los spots más hermosos de toda la reserva para ver el último atardecer del año. Todos los Rangers y huéspedes, al lado de un grupo de marimba vimos cómo el sol se ponía por última vez en el 2012. No sé en otros lados, aquí decidimos que el mejor adjetivo para el atardecer fue “dramático”. De repente se empieza a sentir una brisa. ¿Puede ser? ¿Será? Yo creo que sí. Vienen nubes cargadas desde el Este. Todos los rangers nos vimos y sonreímos. Todos cruzamos los dedos esperando lo mismo. Si llueve, no hay cena con los huéspedes. Después de los “sundowners” (o el pre-emborrachiemto de los huéspedes), fuimos por un safari nocturno. Yo decidí alejarme de todo el mundo e ir hacia el oeste, el río es uno de mis lugares favoritos y en general se ven cosas interesantes por esos lados. La brisa continua. Con el calor que hace, voy a buscar a los leones al lado del río. Finalmente siento gotas. Gotas refrescantes. Ojala que llueva un poco más para que cancelen la cena. Es que además no piensan. En año nuevo uno quiere estar con su familia, no con un extraño sentado a la mesa con uno, obligados todos a hablar trivialidades. Son las 743pm. No caen gotas, diluvia. Mis huéspedes, en el absurdo del final de año, se mueren de la risa. Estamos todos chorreando y al menos a 20minutos del lodge. ¡Oh oh oh! ¡Tres hipopótamos fuera del agua! ¡Bah! Ya estamos mojados, qué importa ahora. Uno de los hipopótamos es un bebé. Mis huéspedes se ríen. Seguimos en el absurdo. Al llegar al lodge chorreo y tiemblo del frío cada vez que la franela empapada me toca la piel.  El 31 fue la primera vez en toda la semana que me bañé con agua caliente.

La cena fue cancelada efectivamente y a los rangers se nos concedió el gran honor de recibir el año en el bar, bebiendo, con los huéspedes. Antes de bajar al bar, me llamó mi mamá, cuando me pasó a Mari no pude si no empezar a llorar. Ella lloraba por el otro lado y mi mamá viéndola llorar. Después me llamó mi tía y me pasó a mis primos. Creo que de las cosas más difíciles para hacer en la vida es tratar de ser fuerte para no afectar a los demás, no dejarles ver que te estás derrumbando. Yo creo que no hice un muy buen trabajo. Pero creo que se me conceden las lagrimas post-estrés elefantino. 

Después de mis llamadas familiares decidí ahombrarme y bajar al bar a beber mis penas y todo lo que me hacía falta mi familia. Jamás he estado “homesick”, hasta que me tocó pasar Navidad y año nuevo lejos de todos aquellos por los que haría cualquier cosa. Al bajar al bar decidí que el famoso G&T (gin and tonic) iba a ser mi bebida de la noche. Lo malo fue que mis amigos tenían otros planes y hubo Jaggermeister y Tequila atravesados por el camino.  Keith – otro ranger- es mi compañero de música y baile en estas ocasiones. Yo le doy a Keith mi ipod y el hace de Dj, generalmente funciona bien. Después de las 10pm teníamos una buena fiesta montada en el bar. Extrañar el hogar, no es nada que un poco de alcohol, buena música y un par de amigos queriendo pasarla bien, no pueda curar. Creo que los huéspedes estaban un poco asustados de lo que nos estábamos divirtiendo todos. Al final incluso terminamos bailando con los huéspedes, sólo había que emborracharlo un poco más. Yo me aseguré de que los míos estuvieran bien rascaditos para no tener que pararme a las 420am a hacer el safari de la mañana.
Al ser las doce brindé con mi copa de champaña – y alguna otras que me robé por ahí- por mi familia, mis amigos y por el 2013; es impensable no celebrar los nuevos retos sin burbujas. No tengo particulares reflexiones sobre el 2012. Prefiero no sobre-analizarlo, todo lo que sucedió, es lo único que pudo haber sucedido. Está bien Universo, lo acepto. Estoy donde tengo que estar.

A las 2am, agotados de todo lo bailado, saltado y reído, un equipo de rangers no muy sobrio, decidió que era hora de ir a la piscina y juntos fuimos a ahogarnos en el agua verde de nuestro estanque. Meterse en esa piscina es sólo para los más valientes, es asquerosa. A eso de las 230am, decidí que era suficiente, hora de ducharse y dormir. Le rendí honores al 2012 por irse y al 2013 por llegar. El primero de Enero de 2013, le rendí homenaje al advil. Levantándome con una sonrisa en la cara al conseguir en el iphone heredado un playlist de música nueva de tu hermano pavo. A veces, si pedimos las cosas en voz alta, se cumplen.

Hay una canción de Kesha que dice: “I’m in love with my crazy beautiful life”. Yo les deseo a todos que en el 2013 se enamoren también. Buena suerte!

domingo, 30 de diciembre de 2012

Leopardismo.


El término los “5 grandes” es un viejo término de cacería utilizado por los cazadores del siglo XIX, quienes decidieron que los elefantes, rinocerontes, búfalos, leones y leopardos son los animales más peligrosos para acercarse a pie. No está relacionado al tamaño del mismo, si no a su carácter. Cuando uno habla de safaris en África, siempre hay algún salido que pregunta: “¿y viste a los 5 grandes?”. La mayoría de los turistas no tiene ni idea de qué quiere decir, pero hay que engrandecerse y decir: “sí claro, yo vi a los 5 grandes” “¿y leopardos también?” “claro”.

En términos de turistas y rangers, el favorito de mucho es el “enigmático” leopardo. Solitario y oportunista , el leopardo es la sensación. Si vienes a un safari en África y viste 845984 elefantes, 89345843 rinocerontes (que por cierto están en peligro de extinción, no como los leopardos), 374657 leones y 894576845 búfalos, pero ningún leopardo, es cómo si no hubieras visto nada. Perdiste tus reales. Thank you and come again. Gracias prensa sensacional oportunista por hacer mi trabajo un poco más difícil cada día por un par de manchas.

En lo personal –a mí- me tiene podrida éste gato marico. Por culpa de los “fanáticos”, el leopardo –a mí- me enferma. Pocas han sido las personas con las qué he hablado que sufren –honestamente- de esa obsesión de saber qué leopardo es, de tener que encontrarlos, verlos y darles un nombre. A ellos yo los respeto porque pobrecitos, ya no hay nada que uno puedo hacer por ellos. Pero a los wannabe, a esos qué quieren ver un leopardo porque “es el más difícil de ver de los 5 grandes”, a esos que afirman en voz alta que aman apasionadamente a los leopardos, a esos que les gustan porque es lo “cool”... a esos no les tengo sino ladilla, por mentirosos, tontos y poco originales.

Pero no se preocupen. No sólo turistas sufren de la terrible enfermedad del leopardismo. Ésta es una enfermedad común entre rangers también. “Do we have and I.D?” Es la primera pregunta que siempre se hace por el radio cuando alguien pronuncia algo tan terrible como “I’ve got a madoda  ingwe (leopardo macho en shangaan) here”. ¡Qué no chico! A mí ya no me preguntan. “Negative, no ID”. Porque te vas a aprender todas las marcas del leopardo. ¿De verdad? Seamos honestos. De todos los leopardos que he visto aquí hay quizás 3 que son fáciles de reconocer, por su carácter y por manchas muy particulares en su casa. Pero esos son 3. En un espacio de casi 7000 hectáreas ¿nos vamos a caer a cuentos de que vemos siempre los mismos? Por favor. Mientras el leopardo sea relajado con los vehículos ¿qué importa si es Scotia o Warthog Wallow o Roller Coaster? A mí no me cambia nada y a ellos tampoco. Pero no, aquí el machismo ranger se mide en cómo inventar y convencerse que cierto leopardo es éste o ese y pasar 8 horas diarias buscándolos en la sabana africana. Quién más encuentra, es mejor. Apenas alguien consigue un leopardo, empieza el pandemonio. Siempre hay alguna pobre alma en pena (la mía incluida) que anda buscando conseguir algún leopardo por ahí, para que el safari de sus huéspedes haya valido la pena (a pesar de los otros 35 millones animales que hayamos visto). Si estás cerca, vas y siempre vas rápido, porque además de todo, los leopardos tienen la mala costumbre de aburrirse de la atención y meterse en áreas complicadas y densas en donde los vehículos no pueden seguirlos. Uno pensaría que serían un poco más agradecidos con las cámaras, pero no. Gato egoísta, típico. La última vez que me tropecé con uno de estos mininos, ella nos gruñó, atacó mi vehículo e hizo que rompiera uno de mis espejos retrovisores al intentar seguirla por medio de una selva de árboles. Completamente innecesario diría yo, además porque el nuevo espejito sale de mi bolsillo. Cada vez que uno tiene un grupo nuevo, empieza la batalla por el leopardo (y los leones en una medida un poco menor), es agotador. Hoy empieza una nueva para mí, ojalá dure poco.

Eso sí. Hay que ser justos. Ver a un leopardo cazando no tiene comparación. La tensión se respira en el aire. Poco a poco el leopardo avanza 30cm y sin hacer ningún ruido. Se esconde de la presa que poco se imagina que sus días van a acabar y de pronto ¡zas! Saltó el leopardo y se comió una vida. Es un momento adrenalínico ver la naturaleza en acción. Los leopardos son óptimos protagonistas. Mi problema no es el leopardo, son sus fans. No sean jamás uno de ellos.