El término los “5 grandes” es un viejo término de cacería utilizado
por los cazadores del siglo XIX, quienes decidieron que los elefantes,
rinocerontes, búfalos, leones y leopardos son los animales más peligrosos para
acercarse a pie. No está relacionado al tamaño del mismo, si no a su carácter. Cuando
uno habla de safaris en África, siempre hay algún salido que pregunta: “¿y
viste a los 5 grandes?”. La mayoría de los turistas no tiene ni idea de qué
quiere decir, pero hay que engrandecerse y decir: “sí claro, yo vi a los 5
grandes” “¿y leopardos también?” “claro”.
En términos de turistas y rangers, el favorito de mucho es el “enigmático”
leopardo. Solitario y oportunista , el leopardo es la sensación. Si vienes a un
safari en África y viste 845984 elefantes, 89345843 rinocerontes (que por
cierto están en peligro de extinción, no como los leopardos), 374657 leones y
894576845 búfalos, pero ningún leopardo, es cómo si no hubieras visto nada.
Perdiste tus reales. Thank you and come again. Gracias prensa sensacional
oportunista por hacer mi trabajo un poco más difícil cada día por un par de
manchas.
En lo personal –a mí- me tiene podrida éste gato marico. Por culpa de
los “fanáticos”, el leopardo –a mí- me enferma. Pocas han sido las personas con
las qué he hablado que sufren –honestamente- de esa obsesión de saber qué
leopardo es, de tener que encontrarlos, verlos y darles un nombre. A ellos yo
los respeto porque pobrecitos, ya no hay nada que uno puedo hacer por ellos.
Pero a los wannabe, a esos qué quieren ver un leopardo porque “es el más difícil
de ver de los 5 grandes”, a esos que afirman en voz alta que aman
apasionadamente a los leopardos, a esos que les gustan porque es lo “cool”... a
esos no les tengo sino ladilla, por mentirosos, tontos y poco originales.
Pero no se preocupen.
No sólo turistas sufren de la terrible enfermedad del leopardismo. Ésta es una
enfermedad común entre rangers también. “Do we have and I.D?” Es la primera pregunta
que siempre se hace por el radio cuando alguien pronuncia algo tan terrible
como “I’ve got a madoda ingwe
(leopardo macho en shangaan) here”. ¡Qué no chico! A mí ya no me preguntan. “Negative,
no ID”. Porque te vas a aprender todas las marcas del leopardo. ¿De verdad?
Seamos honestos. De todos los leopardos que he visto aquí hay quizás 3 que son
fáciles de reconocer, por su carácter y por manchas muy particulares en su
casa. Pero esos son 3. En un espacio de casi 7000 hectáreas ¿nos vamos a caer a
cuentos de que vemos siempre los mismos? Por favor. Mientras el leopardo sea
relajado con los vehículos ¿qué importa si es Scotia o Warthog Wallow o Roller
Coaster? A mí no me cambia nada y a ellos tampoco. Pero no, aquí el machismo
ranger se mide en cómo inventar y convencerse que cierto leopardo es éste o ese
y pasar 8 horas diarias buscándolos en la sabana africana. Quién más encuentra,
es mejor. Apenas alguien consigue un leopardo, empieza el pandemonio. Siempre
hay alguna pobre alma en pena (la mía incluida) que anda buscando conseguir algún
leopardo por ahí, para que el safari de sus huéspedes haya valido la pena (a
pesar de los otros 35 millones animales que hayamos visto). Si estás cerca, vas
y siempre vas rápido, porque además de todo, los leopardos tienen la mala
costumbre de aburrirse de la atención y meterse en áreas complicadas y densas
en donde los vehículos no pueden seguirlos. Uno pensaría que serían un poco más
agradecidos con las cámaras, pero no. Gato egoísta, típico. La última vez que
me tropecé con uno de estos mininos, ella nos gruñó, atacó mi vehículo e hizo
que rompiera uno de mis espejos retrovisores al intentar seguirla por medio de
una selva de árboles. Completamente innecesario diría yo, además porque el
nuevo espejito sale de mi bolsillo. Cada vez que uno tiene un grupo nuevo, empieza
la batalla por el leopardo (y los leones en una medida un poco menor), es agotador.
Hoy empieza una nueva para mí, ojalá dure poco.
Eso sí. Hay
que ser justos. Ver a un leopardo cazando no tiene comparación. La tensión se
respira en el aire. Poco a poco el leopardo avanza 30cm y sin hacer ningún
ruido. Se esconde de la presa que poco se imagina que sus días van a acabar y
de pronto ¡zas! Saltó el leopardo y se comió una vida. Es un momento adrenalínico
ver la naturaleza en acción. Los leopardos son óptimos protagonistas. Mi
problema no es el leopardo, son sus fans. No sean jamás uno de ellos.
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