sábado, 21 de septiembre de 2013

Floppy Ear.

Cuando Kim Kardashian accedió a llamar a su hija North West, yo pensé que mis leones no iban a poder competir jamás con una noticia así. Es tan irreal y tan absurdo que pensé que habíamos perdido. Poco me di cuenta en ese momento que las mejores novelas, son las que están llenas de cambios insólitos en la trama, en la que aparecen y desaparecen personajes sin que uno lo vea venir. Cambios y estupideces como llamar a un ser humano “North West”, son los que mantienen la atención en el show, son los que suben los ratings.

En mi sabana, a pesar de que había vuelto el macho KNP la mitad de la Southern Pride seguía faltando. Rumores llegaban por Facebook que 9 de nuestros leones se divertían por el norte cazando búfalos y entreteniendo a otros turistas. “Volverán al lugar de donde vinieron” era la creencia pesimista de todos. De la gran manada de 18 leones tendríamos que conformarnos con 7. Bueno, al final un turista solo quiere ver un león, pero ver 18 leones tirados acostados, no es lo mismo que ver 7.

Durante más de 6 meses sobrevivimos con 7 leones, guiados por Floppy Ear, la leona más inteligente y arrecha que he conocido. Floppy es una de los nuevos protagonistas de mi historia. Su apodo “floppy” le llegó al tener una oreja caída, el cariño, por ser la leona dominante de la manda del Sur. Sobre su vida sola podríamos escribir una novela, pero como no me la sé, me quedo con los cuentos de la realidad que son tan buenos que parecen inventados. Junto a Floppy y al vacío de poder, llegaron del Sur 3 invitados más: the Hilda’s Rock Pride males. Tres machos, hijos de familiares lejanos de the Southern Pride. Junto a ellos, quienes se atrevieron a cruzar el rio en incontables ocasiones, y trajeron con ellos 4 machos adolescentes, 2 cachorros y 2 hembras. Hilda’s Rock Pride sin embargo, no se mudó definitivamente a nuestra área y siguió dividida entre Kruger y Sabi Sand.

Así fue como durante semanas la orden del día fue ver leones apareándose. En diferentes momentos todos, del norte, del sur, de antaño y de cariño, mantuvieron unos cortos (muy cortos) momento de pasión con alguna de las chicas del Southern Pride.

Fue Floppy quien, ante la llegada de puras melenas nuevas, tomó la batuta y se apareó con cuanto macho pasara por el área. Siguiendo su ejemplo, lo mismo hicieron sus hijas y hermanas. ¿Por qué? No por putas. No señor. Ellas podrían ser de la CIA. La inteligencia y la planificación preventiva de estas leonas fue algo supremo. Al confundir a los machos Eyrefield, al macho Kruger y a los de la manada de Hilda´s Rock, nadie iba a saber quien era el padre, por lo tanto, de quedar embarazadas, ningún macho habría de matar a los cachorros venideros, al creerlos propios. Estas 5 leonas entendieron todo mientras que los machos, guiados en su vida por una sola cosa, no entendieron nada.

La vida continuaba y el prospecto lejano de nuevos cachorros que inflaran los números de la Southern Pride era algo que solo esperábamos hacia finales del año.

Y así, un día como cualquier otro encontramos a las 5 chicas acostadas en medio de unos matoralles, sin media esperanza de abrieran un ojo mientras que los machos Eyrefield dormían también bajo de una matica no muy lejos y el macho KNP se mantenía alejado de todos, en el otro extremo de la propiedad.

Y de repente, una llamada por el radio de Ferdie cambió todo.

“Allie, make your way, it’s quite a spectacular sighting”. Le explico a mis huéspedes, no estoy lejos y en 4ta llego en 10 minutos. Yo llego, ellos que se agarren.

 “They’re back”.

“Allie, confirm which lions are those?”

“The missing 9 of the Southern Pride”

“Which way are they headed?”

“South” – el tono triunfal de la dirección a donde se dirigen. Vuelven al sur. Vuelven a casa. Welcome back guys. We missed you.

Después de meses de ausencia, ellos volvieron. Nos hicieron felices. Había un sentido de fiesta. En el mismo día mis huéspedes vieron 16 leones diferentes. 16, cuando empezamos un día pensando que no veríamos ni uno. Semanas pasaron y un sentimiento de alegría continuaba en todo el equipo de rangers. “The Southern Pride is back”. Qué fácil es ser feliz con tanto gato alrededor.


Mientras nosotros gozábamos de una felicidad absoluta, el mundo de los leones atravesaba una nueva crisis. Los cachorros que se habían ido, no eran ya tan cachorros. Las hembras que se habían ido, no eran conocidas por los nuevos machos. En medio a la incertidumbre, mientras ellas restablecían las relaciones sociales y familiares, el macho Kruger estaba muy feliz. Al haber reconocido a todos y al haber sometido a los cachorros (hijos suyos), volvía a ser él el macho dominante, apoyado por la fuerza bruta de 9 leonas adultas. Su estrategia era clara,  su reino y su vida estaban más seguro ahora de lo que habían estado en meses…

Lo que él no se imaginaba es que las leonas, cansadas de estas batallas, tenían otros planes. Fue así como lentamente y, en numerosas ocasiones, intentaron llevarlo engañado hacia los machos de Hilda’s Rock con el pretexto de aparearse. En numerosas ocasiones, diferentes hembras, incluida Floppy, casi lo lograron. Los intentos homicidas de las hembras eran claros; al provocar un conflicto final entre los machos, sólo una de las partes habría salido vencedora y el drama habría terminado.

El macho Kruger por otro lado, no se atrevió nunca a cruzar al este, parándose siempre en el mismo punto, como si chocara contra una barrera invisible. Al poco tiempo las leonas desistieron de sus intentos y volvieron a asociarse con él. Fallaron porque olvidaron que el diablo sabe más por viejo que por diablo.

viernes, 12 de julio de 2013

Kur ir Lauva?

Cuando mis primos eran pequeños, siempre jugamos el juego de “kur ir..?” (¿dónde está…? en letón). Había una variedad de respuestas y objetos pero la respuesta favorita de Lelle era: nav (nau). Nav equivale a no está, no hay, no se encuentra. Mis últimos días han sido así. Durante cuatro eternos días, que llegaron a una situación de absurdo, yo me recordé de Lelle cada vez que uno de mis huéspedes me preguntaba “where are the lions?”. Nav fue siempre la respuesta. No están. Se fueron. Hace frío. No les caemos bien. Son unos pajuos. No señor, no tienen dispositivo de GPS para nosotros encontrarlos fácil. Ah ¿es que no entendió? No hay. “Nav”.

En 3 días estos fueron los acontecimientos:

Día 1. Ni media cola de león en 7000 hectáreas. No lo intente.
Dia 2. Día nublado, los oigo rugir. Nadie me para bola porque soy niña. Me voy hasta el límite más al norte y los rugidos cada vez se acercan más. “Wuju! Van a venir por el río” pensé ingenuamente.  A los dos minutos se oyen un CLINGCLINGCLING (como ese de los triangulitos de metal). Los rangers de Mala Mala (otra propiedad) me los espantaron para que no siguieran al sur y se quedaran en su propiedad. Bastardos antiéticos tuvieron su merecido cuando el karma los agarro en pleno río Sand y se comió sus cauchos y los dejó bien pegados en el medio de la nada. A pesar de la pequeña satisfacción, me quedé sin leones. Milagrosamente, un poco mas al sur aparecen otros tres. Manejo como una desquiciada para verlos cruzar el río. Bueh, al menos vieron 3 leones y se creyeron que eran los que habíamos oído. ¡Viva la ingenuidad!
Día 3. En la propiedad de al lado hay leones por la mañana. Por protocolo y burocracia puedo tratar de ir a verlo sólo en la tarde. Cuando llego al sitio en la tarde “kur ir Lauva?” Nav. Otra vez, no están. Muy bien. Voy a caminarme toda ésta área, hoy los consigo. Los leones ese día, conjuraron todos los favores divinos y oh sorpresa, llovió. Llovió que me empapé. En invierno. Aquí NUNCA llueve en invierno. Es lo más inusual que pudiera pasar. No hay huellas, no hay león, hay pantalones mojados. Cómo dicen aquí: really?!. El cielo se ríe y me dice nav otra vez.

En el día 4 las cosas empezaron a mejorar a eso de las 430am, cuando me pare súbitamente. Están rugiendo. Asomo mi cabeza por la ventana. Centro-oeste. Ahí voy a ir a buscarlos cuando salga al safari. A la mañana siguiente todo cambia. Las huellas van al este. Me congelo manejando al lado del río en invierno. Las huellas siguen yendo al este. Cuando llego al este, van al norte. Ya sé cómo va a terminar esto. Entre 4 lo buscamos. Conseguimos huellas en el medio de la sabana. Noel, mi tracker levanta la cara, apunta a la huella y me dice “You see these tracks?” “Yeah, was he running?” “Yes”. Buena vaina, no sólo me llueve sino que el condenado además empieza a correr cuando estoy cerca de conseguirlo. Repito, “really?!”.  I’m done. Jódanse leones maricos (perdón pero de verdad los detesté). Continuo como si nada. Con toda la suerte del mundo, y después de haber perdido 2 horas de mi tiempo buscando un león invisible, alguien con más suerte que yo reporta en el radio que consiguió 7. Aleluya. A lion is a lion. Toda feliz voy derechito a verlos…dormir. No levantaron pero es que ni la cola. Menos mal que la emoción de ver a algún animal por primera vez borra todo, porque la verdad es que fue aburrido.

Al atardecer decido regresar. Cómo son animales nocturnos, al menos si voy más tarde puede que tengan las cabezas levantadas. Digo, un poco mas de acción sería útil. Al menos un ojo abierto. No estoy pidiendo mucho. Cuando nos aproximamos al sitio, nos da puesto otro ranger. Los leones se pararon y están caminando por la sabana. Esto de manejar en la noche entre árboles y demás es horrible pero al menos los vemos caminando un rato y después mis huéspedes se quedan todos contentos y no me las rompen más con el león y el GPS. Repentinamente, todo cambió. Las leonas se pararon en seco. Las colas empezaron a moverse de lado a lado. Todos los leones miran fijamente hacia el sur. Hay nubes, no hay luna. No sé que ven en la oscuridad de la noche. Ellas bajan la cabeza, corren lo más agachadas posible. Shit. They’re hunting. Mierda. No tengo como salir de aquí si viene un búfalo. Más allá empieza una conmoción. Escucho impalas volviéndose locos. Detectaron a las leonas. No se ve nada en esta oscuridad. Los leones se fueron corriendo. No los vemos. Hay algo que se acerca. Viene corriendo directo hacia mí. Se oye la hierba que se quiebra. (Mierda). Dos impalas vienen a toda velocidad hacia donde estoy. Me esquivan de milagro. Los leones ¿dónde están las leonas?. Levanto la mirada. Los busco con la luz de la linterna de Noel. There! Ahead of us. Vemos a una hembra tumbar a una impala que se quedó atrás. Por el cuello, directo pal piso. En un espacio de 30 segundos los otros 6 vinieron a pelear por su pedazo de carne. Se olía la sangre caliente. Se olían los contenidos estomacales. Se escuchaban los huesos crujir. (Mierda). Los leones se pelean todos mientras devoran al impala. Mi compañero ranger se aleja. Todos esto pasó en menos de un minuto. Él no sabe que pasó. “Syd! come around this side. They’ve bambad a mala”. Syd dio la vuelta, y esto fue lo que vimos:



El impala duró aproximadamente 3m46s. Y así, por primera vez en un año, luego de incontables veces en la que vi a los leones equivocarse, los vi lograrlo.


Fue arrechísimo.

sábado, 6 de julio de 2013

Miau grande, miau pequeño.

Todos sabemos que los leopardos no son mis favoritos. No porque sean feos, o chimbos o poco entretenidos de ver. Mi problema es que la gente que cree que sus leopardos son sus favoritos me obstina, y que además ellos se las tiran de “animal solitario, nocturno y elusivo”. Ta fácil ¿no?.

A pesar de todo esto, hay 2 leopardos a quienes amo. Sí, leyeron bien, amo. Ellas son Scotia y su cachorra. Desde la primera vez que la vimos en febrero, sólo la he visto con su cachorro un par de veces más. Por algún motivo u otro transcurre mucho tiempo entre cada uno de nuestros encuentros. Creo que es porque nos caemos bien y sabemos que el amor permanece.
La cachorra ya aprende. Al principio, supongo que para ella fue horrible vernos, a pesar de que mi corazón la quiso inmediatamente. Cada vez que alguien la veía, su cara de terror era única. Poco a poco, después del esfuerzo y paciencia, la hija de Scotia no nos para ni media bola. Cada tanto, cuando viene el huésped que se las da del que sabe la movida y preguntan “Do you know this leopard?” Yo siempre respondo: “Yes, she’s our little super star”.

Así fuimos progresando. Durante meses, sólo una land rover a la vez y nada de verla de noche. Seis meses después, a eso de 8 meses de edad, la pequeña hija de Scotia puede ser vista de noche y sin su mamá. Esto es algo asi como la lotería.  Tan joven y tan fotogénica, nos hace la vida más simple.


“Can you see the leopard up there, on top of the rock?” Menos mal que para la gente que nunca ha visto un leopardo, ver la silueta a contraluz al atardecer, basta. Un leopardo mal visto sigue siendo un leopardo. “Oh my god there’s a cub there!” gritan los huéspedes emocionados. “Es por eso que te amo” - pienso mientras veo a la pequeña enana pasar al lado de mi land rover, en camino a escalar las rocas para llegar a ver y jugar con su mamá.

En uno de esos encuentro nocturnos, justo en las afueras del lodge, Scotia y su hija habían encaramado un venadito que se estaban comiendo. Después de mucho esfuerzo y de 2 días comiendo, la enana metió la pata y se le cayó el venado para el piso. Las hienas, más oportunista que nadie, estaban en las cercanías a la espera de este preciso momento. Se robaron la comida y luego empezaron a aterrorizar a madre e hija. Bueno, madre, la hija se siente muy valiente a veces y nos da ulceras. En esta ocasión, sintiéndose valiente por la luz del foco, decidió acercarse mucho a las hienas, quienes rondaban el árbol. Hienas y leopardos no se llevan bien; si hay oportunidad de deshacerse de un leopardo y tener uno menos en el mundo, tengan por seguro que las hienas prueban su suerte.  Cuando la vi bajando, y las hienas tan cerca mío, decidí que era hora de irme. Llame a JP por el radio y le explique la situación y decidimos “cerrar el sighting”.  Scotia y su cachorra tienen que lidiar con esa situación sin ayuda externa. Además, y más importante, yo no quería ser la razón o la culpable de la muerte de la bola de pelo más querida de todo el sur de Sabi Sand. No señor. Me fui. Pocos días después fueron vistas nuevamente, las dos vivas y coleando.


Pocos leopardos tienen un club de fans tan fieros, en barra, rogando que llegues a ser adulta. Todos queremos verte crecer durante los próximos dos años.

domingo, 26 de mayo de 2013

Toronto, Nucita y Ron.



(Gracias Google por la imagen).

A veces el universo te da regalos. Regalos que vienen en todas formas y colores. En mayo, a mi me dieron el mejor regalo: 50 venezolanos.  El regalo fue mío porque llegó justo en el momento que más lo necesitaba, cuando necesitaba ese calor humano que solo existe en esa parte del mundo. Por primera vez en la historia, llegó un grupo compuesto de 270 personas, 270 sudamericanos. De esos 270, 50 venezolanos terminaron en mi lodge. De esos 50, 3 conocen a gente que conoce a mi familia. Si la teoría es cierta, seis grados de separación puede ser hasta mucho, yo necesité solo tres.

Hace 2 semanas mi jefe me dijo que en Julio no puedo ir a Caracas. “Viene un grupo grande, necesitamos a todo el mundo. No vayas en julio, por favor”. Yo pretendo hacerme la dura cuando mi jefe me dice esas cosas. Claro. Se han ido 3 personas, estamos cortos de rangers. Hay que ayudar.
Su madre. 
No hay nada más mierda en la vida que pensar que vas a ir de vuelta a ver a tu familia, a comerte una arepa y salir a bailar con gente que sí sabe lo que hace, para que la vida se atraviese y te cambie los planes, que te los posponga hasta Agosto. Muy bien, yo soy grande. ¿y si no quiero?. Yo no voy a llorar porque quiero un café de mi papá, después que Plaga y Nani me levantaron a las 6 porque mi mamá las dejó entrar. Yo asumí mi barranco nada feliz con la vida… sin embargo, el universo me dejó compensarlo.

Pérez, Cisneros, Urribarri, Veloz.  Así me enteré, dos días antes de su llegada. Una lista de nombre que ocupaban las habitaciones durante el fin de semana. Un grupo de seguros. Unos nombres misteriosos.
“These names are from Venezuela”.
“It’s a big mexican group”.
“I’m telling you they’re not”.
“Oh well, you’ll speak spanish with them anyway”.

Primer error lodge. Nunca subestimen el corazón de un expatriado cuando algo sabe a hogar. Prepárense. “Nosotros somos sudafricanos, nadie es peor”. Yo me reí otra vez, pobres, no saben lo que dicen. Vamos a dejarlos que aprendan. Ustedes no van a entender nada de lo que va a pasar. Yo me reí antes de su llegada, mientras estuvieron aquí y hasta el último minuto del día en el que se fueron. Cuando llegaron 50 venezolanos y la primera noche pusieron a bailar tambores a los mesoneros hasta las 4am y el gerente del lodge no los lograba botar del bar, uno asume que aprendieron la lección.  Venezuela 1, África 0. 

“Ale, no te dejamos morir. Nos quedamos hasta las 4 de la mañana y el gerente no nos podía botar”, me dijo un huésped con mucho orgullo a las 6am. Nadie rumbea como los venezolanos, y nadie se para a la mañana siguiente con una sonrisa, listo para enfrentar el ratón en un safari, con un buen humor y optimismo de que quizás hoy, los leopardos salgan a jugar.

“Well, we hope that tonight won’t be worse tan last night”. Fue la frase premonitora que empavó a todo el lodge. Los sudafricanos no aprenden. El segundo error, fue subestimar al expatriado que te da consejos sobre como lidiar con su gente.

“How do you get Venezuelans to eat?” – pregunta Andrew el nuevo gerente, desesperado porque ni media persona se había movido medio dedo para ir a cenar.
“You tell them they have to go now”.
“It doesn’t work”.
“Watch”. Cling cling cling, copa en mano, parada sobre un banquito “Buenas noches, disculpen la interrupción, la cena está servida por favor pasen por aquí para ir a cenar. Allá también hay tragos así que no se preocupen” (Murmullos de aprobación de los huéspedes).
“They’re not moving”.
“Now you wait. Everything has a rythm, give it 5 minutes”.

A mí me obvian, soy niña y soy extranjera. Estos 50 venezolanos, que me entendieron y que entendí perfectamente, vengaron todos mis malos ratos. Nada más exquisito que hablar con desconocidos y que hayan puras risas, besos y abrazos naturales y que ninguno de estos sudafricanos entienda nada. Quién me pregunta por qué me vine, quién me pregunta si tengo novio, quien me dice que si tengo rifle no necesito hombre, quien me dice que soy valiente, quién me trajo nucita, quién me dice que de haberlo sabido me habrían traido harina pan.

“But you just met these people” me decían casi acusándome. 
“I know”. 
“I don’t get how you guys are so friendly with each other”. 
“That’s just how we are. You won’t find it anywhere else”. 

Y así es, nunca sabes cuanta falta te hace el calor de tu gente, su buen humor, sus chistes, sus ganas de bailar hasta el amanecer, las ganas de tomarse un güisqui y de decir mi amor, hasta que te sorprenden en el lugar menos esperado. Durante 2 días yo estuve más orgullosa que nunca de ser venezolana. Somos únicos, optimistas y como nosotros pocos. Es una cualidad que pasa desapercibida en la cotidianidad de supervivencia, pero es la que más feliz me hizo. Fue cansón, un maratón. Pero tuvo un buen final.

Al final de 2 días, Jono, Tristan, David y yo nos fuimos a Skukuza a desayunar. Es un desayuno pesado que hace que te sientas mal todo el día. Es el desayuno más pesado de todos, con vista a un campo de golf que tiene un lago, en el que viven unos hipopótamos. Es el equivalente de una arepera a las 6am, después de un matrimonio en la Esmeralda. Era el remedio necesario a nuestro cansancio feliz. Fue nuestra arepa a las 1046am.

Venezuela 15 – Africa 0

Te perdono universo... y gracias. 

jueves, 23 de mayo de 2013

Una novela.


A veces las novelas se ven por televisión, a veces se leen, a veces se ven en huellas, a veces se ven en piezas que se conectan. El punto es.. una novela siempre encanta porque a cualquier nivel es un chisme muy bueno.

En mi caso, las novelas de la gente me aburren porque siempre terminan en un cuento de mucho alcohol y drama. Las novelas naturales son mucho más interesantes porque es como un best-seller. Hay sangre, dolor, drama, muertos, vencedores, y un montón de suspenso.

La mejor novela de la que he sido espectadora durante los últimos meses, ha sido la novela que han protagonizado los leones del sur de Sabi Sand, la llamada “Southern Pride” (la cual seguiré llamando en inglés porque suena más caché pues).

La Southern Pride fue en algún tiempo, una de las manadas de leones más grandes de la zona. 18 leones en total, entre hembras, cachorros y el señor  de todos ellos “The KNP male”.  Hace un par de años él y su hermano tomaron posesión de ésta hermosa área, pero yo no estaba aquí para contarlo. Antes de mi llegada, y en circunstancias dudosas, su hermano estiró la pata y KNP se quedó con todo: la tierra, las hembras y los cachorros. Nuestra vida de rangers fue fantástica hasta ese momento pues no había huésped que se fueran sin ver a la gran manada. Hay que admitir que llegar a un sitio y ver de entrada a casi 20 leones, viéndote, influye netamente en las descargas de adrenalina de casi todos los huéspedes. Life was sweet indeed.

Un día como cualquiera, una llamada de radio inesperada dio pie a una serie de eventos que jamás habríamos imaginado.
“Stations, I’ve got nkonzo (huellas) for 2 madoda (macho) ngala (león) going South on Jackal Flats”.
Lo que todos pensamos fue: ¡¿Ah?!.

Al día siguiente conseguimos a estos dos extraños leones machos comiéndose una jirafa. Luego de usar medio digitales fieles como Facebook, establecimos que los intrusos eran los Eyrefield males, provenientes del norte de Sabi Sand. Un poco extraño que estos jóvenes estuvieran al norte de nuestra propiedad, cuando KNP estaba al sur. A KNP le tomó 2 días darse cuenta que habían individuos nos gratos en la zona y finalmente hizo una aparición, botándolos de la cena, y apoderándose de la jirafa.

Poco se imagino KNP que ellos habían sido sólo el comienzo de sus problemas.  Luego del encuentro con los hermanos Eyrefield, diferentes encuentros no pacíficos fueron documentados entre estos 3 leones. KNP volvió nada al más joven de los Eyrefield, pero el más viejo le salvó la patria al hermano. Luego de éste encuentro fortuito, KNP se dio a la fuga y durante semanas no hubo ni media huella de él.  Se escondió en la sabana, quien sabe donde,  para recuperarse de sus heridas.  Las leonas se fueron al Norte, sólo 4 se quedaron cerca del río Sabie. Las demás hembras, leonas como son, empezaron a aparearse con los hermanos Eyrefield, al mismo tiempo que volvían bajo el ala de KNP, luego de sus escapadas de “amor”. Si hay cachorros, ninguno va a saber quien es el padre – esa es la idea.

Los Eyrefield cantaron victoria y rugiendo todas las noches, se proclamaron nuevos dueños de éstas tierras. Pero… what goes around, comes around. Tres leones más, vinieron desde el sur a echarle un vistazo a la zona y también les gustó. Los machos de Hilda’s Rock pride, también están aquí para quedarse (y para comerse a nuestras jirafas).
En algún momento fue difícil conseguir leones machos, cuando KNP andaba por ahí echándoselas, posando para otras propiedades. Hoy en día es un reto conseguir a alguna leona, y no quedan cachorros; lo que hay es machos en búsqueda de territorios.

Un día cualquier sin embargo, luego de dos meses de ausencia, encontré un león echado patas pa’rriba en el medio del camino. Unas cuantas cicatrices más y un poco más asustadizo, estoy segura que todos tuvimos una sonrisa en la cara cuando al preguntarme por el radio: “Have we got a an ID on that male?”, mi respuesta fue “Yes, it’s the KNP male”.  Lo primero que pensé fue: HE’S BACK!. Así de nuevo empezó el drama. Cuando todos pensamos que KNP se había dado por vencido volvió para reclamar lo que es suyo.  Rugiendo desde extremos diferentes de la propiedad todos estos leones reclaman un territorio sin dueño definido. Ahora sólo nos queda ver quien prevalecerá.                 

¿Quién necesita E!?. Superen éste drama Kardashians.