sábado, 21 de julio de 2012

Jessie.

27-06-1980 a 19-07-2012.

La tecnología tiene una forma rápida, práctica y extremadamente cruel de darnos noticias. Ayer supe por facebook que Jessie murió. Cuando Erin nos escribió para decirnos, no me lo creí. No puede ser, yo hablé con ella hace pocos días. No es verdad. Su perfil de facebook, el post de su esposo afirmaba que Jessie “passed away on the 19th of July 2012” a sus 30 años recién cumplidos. I feel horrific dijo Erin. This is shit dije yo. I cannot relieve it dijo Laura. Yo lloré. Volví a llorar. Tenía una sospecha inminente de la causa de su muerte. Volví a llorar. Dije que no era verdad. Vi facebook y lloré un poco más. No es verdad.

Poco después lo supe, Jessie murió de una sobredosis de heroína. "How could you be so fucking stupid Jess?!" – fue lo primero que pasó por mi cabeza. De haberla tenido en frente le habría metido un puño, cuando la vuelva a ver, lo haré.

Aquí, en ésta industria conoces a la gente de modo diferente. Puede que no sepas cuantos hermanos tienen,  quien fue el primer novio, qué tipo de película le gustan, pero aprendes a conocerlos en términos humanos. Sabes exactamente qué es lo que apasiona a cada personas, cómo toman el café cada mañana, que detestan y cuando pierden la paciencia. De unos pocos, con quienes el destino decide, compartes historias en el silencio de la sabana, en esas noches absurdas en las que bajas la guardia y decides compartir con alguien ofreciendo un hombro y sin juzgar, porque todos tenemos nuestros fantasmas. Una compresión y un entendimiento que va un poco más allá.

Cuando Jessie me contó su historia un domingo de sol, yo le dije que la iba a escribir. Ella se rió y me dijo que nos haríamos millonarias. Nunca llegaré a escribirla como lo planeamos pero vale la pena al menos intentar compartir la lección que aprendí. No juzgues a las personas por lo de afuera. Hay mucho más que a veces determina quiénes somos y cómo actuamos y a veces - sólo a veces- está completamente fuera del alcance de nuestra manos.

A los 5 años Jessie perdió a su mamá por una sobredosis de heroína, en algún lugar en los barrios de Philadelphia.  Su papá – una figura ausente durante casi toda su vida – la relegó al cuidado de su abuela quien tenía una tienda donde vendían peces. Desde temprana edad Jessie trabajó en la tienda, llegando a detestarla más que a nada en su infancia. A los 12 años, un tío que nunca había conocido, la violó. Cuando le contó a su abuela, ella le cayó a golpes y le dijo que era una mentirosa.

A los 16 años Jessie se escapó de su casa y vivió en las calles con un novio que la llevó al mundo de la heroína. Cuando se acabó el dinero, empezó a vender su cuerpo para tener dinero para comprar más heroína y comer. Su vida siguió delante de éste modo por un par de años.

En una de esas noches locas, uno de sus clientes/dealers trató de estrangularla. De alguna manera Jessie logró escaparse saltando por una ventana, rompiéndose una pierna. Ella cree que haberse roto la pierna fue lo que la salvó porque causó tal estruendo que los vecinos llamaron a la policía.

A los 22 años conoció al que sería su esposo: David - uncle Dave para nosotros. Un hombre rico y bien educado del doble de su edad. Cómo se conocieron fue algo que Jessie nunca me contó pero tengo una idea de cómo pudo haber sido. Dave decidió salvarla y se dio cuenta que cuando Jessie trabajaba en el refugio de animales  cuidando a los huérfanos, se drogaba menos pues invertía todo su tiempo y energía en esto, especialmente en cuanto a felinos se trataba. La situación mejoró y Jessie se mudó a vivir con David y eventualmente se enroló en la universidad de Arizona para estudiar Animal Physiology and Behavior – carrera que estaba por terminar este año. A los 6 años de haberse conocido, Dave fue obligatoriamente transferido a Omán, por lo que él y Jessie decidieron casarse en una ceremonia en la playa, en donde Pixie –su chihuaha- llevó los anillos.  En Omán, un país musulmán bastante tradicional, Jessie no se encontró a gusto por lo que decidió ir a diferentes voluntariados con animales en Sudáfrica para expandir su experiencia laboral. Así fue como nos conocimos en Abril del 2011.

Cuando la conocí me pareció una persona simpática pero demasiado gritona, muy gringa. Cuando supe que se estaba acostando con el novio de una de mis amigas, preferí no meterme y ocuparme de mis asuntos. Un día entre risas le dije que yo sabía y me dijo que se sentía aliviada “I really like you but I didn’t know how you would take it”. En una situación absurda, Jessie y yo empezamos una extraña amistad. En cuanto a él, es uno de los seres humanos más asquerosos que he conocido en mi vida que jamás ha tenido un mínimo de influencia positiva en nadie, pero esa es otra historia. Jessie y yo nos fuimos haciendo cada vez más amigas, nos refugiamos en mentalidades similares y más calidas, en contraste a la de las escocesas que trabajaban con nosotras.

Poco a poco sin embargo, a medida que  nuestra relación crecía y pasaba el tiempo, Jessie se alejaba más y más de su esposo. Me decía que no sabía que quería. No entendía como había pasado de estar completamente enamorada y querer tener hijos con él, a haberse desenamorado de esa manera, de querer disfrutar su vida y satisfacer sus necesidades con gente más joven que “uncle” Dave. Así empezaron los problemas. Jessie, se refugió en los animales, sexo y alcohol para llenar un vacío. Solíamos echar broma y decir que ella era mi “reckless little sister”. Ella sabía que yo estaba ahí para atajarla.

Durante 6 años Jessie peleó contra su adicción. Para los heroinómanos rehabilitarse es un poco más complicado por las propiedades particulares de la heroína, y porque las terapias de sustitución crean una fuerte dependencia psicológica. Cuando se tomó su última dosis de metanfetamina (usada como droga de sustitución para su rehabilitación) fuimos a Ambris – el bar de la cebra- a celebrar el comienzo de su vida libre. Seis meses después, después de regresar de vacaciones de los EEUU me confesó que se había inyectado otra vez. Le pegué un puño. “Why?” “I was just curious” “Of?” “How it would feel again” “How was it?” “Just as good as I remembered it” “Oh fucks sake Jess. Do NOT go down that path again” “I won’t, I promise”.

Después de haber hablado con ella me dijo que la heroína la anulaba, la ponía en un estado eufórico como nada lo había logrado, nada importaba porque estaba feliz. Decía que era una sensación increíble, la mejor sensación del mundo. Laura – nuestra amiga farmaceuta- era muy escéptica, en su experiencia con heroinómanos, estos nunca lograban rehabilitarse definitivamente. Yo le decía que ella era una pesimista.

Jessie fue una persona controversial por su liberalidad y libertinaje, era una de esas personas que ó amabas ó detestabas. Para mí, Jessie fue mi hermana la mayoría del tiempo que trabajamos juntas. Fue una amiga inesperada en un sitio en que la necesitaba. La única amiga en la que pude confiar durante mucho tiempo. Nuestra relación no fue sólo de amor, hubo súper altos y muy profundos bajos como en todas las cosas que son reales y verdaderas, sin embargo, lo bueno sobrepasó lo malo. Esto es lo que importa. Por este motivo, al cerrar los ojos, aún nos veo en su carro chueco, escuchando música de un blackberry, ventanas abajo, yendo a KFC en Acornhoek, riéndonos y planeando el resto de nuestra vidas trabajando con animales.

Como ella solía decir: I’ll miss the fuck outta you.

viernes, 8 de junio de 2012

Tápate los ojos!


Advertencia: ésta no es una historia glamorosa.

La gente que me conoce me asocia a muchas cosas, pero la gente que realmente me conoce, me asocia directamente con las chicharras. “Tengo que hacer pipí” es una frase típica, expresada sobre todo en los peores y menos prácticos momentos. Sólo porque vivo en la sabana rodeada de hipopótamos, leones, rinocerontes, elefantes, búfalos, leopardos y demás, no quiere decir que me voy a cohibir ante el “llano” africano cuando de hacer pipí se trata. No. Sufro las consecuencias de la constante necesidad de tomar agua o café. Lo “bueno” es que después de toda una vida yendo a los llanos, pierdes todo tipo de miedo escénico, lo malo, es que aquí tengo que estar pendiente que no me vaya a comer algo.

Un día en particular, con el gafo subido y el buen humor general, David –mi amigo de café- y yo, nos excedimos. Después de la primera parada técnica, seguimos tomando agua como si no hubiera mañana; “hay que mantenerse hidratados, esto es África”. Qué gran tontería. La hidratación y sus consecuencia son muy complicadas en éste ámbito de vida. “Ok, bueno, dentro de 100 metros le pido a Ian que se pare. Más adelante tiene que haber una mata mejor.  ¿Qué es eso? Impala alarm calls. ¿Y si hay un leopardo por aquí? No, mejor más adelante, no quiero que nada me muerda una nalga. Después de que crucemos este río creo que el camino se pone mas frondoso, mejor. Cuñoelamare estos búfalos aquí. Sale vaca ¡sale!. Ah claro, no podían haber 2, hay 5”. El estrés empezaba así. Repentinamente se me olvidó todo. Me entró la emoción típica cuando nos topamos con una manda de elefantes. Me dan palpitaciones. Me entra por hablarle a los elefantes y saludarlos y decirles que los quiero. Saco mi cámara en estado de puro amor. Hay un bebé mínimo, un par de meses nada más. No puedo con todo éste amor.  Los elefantes casualmente han decidido caminar por nuestra misma ruta y no nos queda opción sino esperar que se muevan. ¿Alguna vez han caminado detrás de elefantes? Pues para ser tan grandes se mueven a un ritmo muy paciente y cuando son 500, pues mas tiempo aún. Como son elefantes no se los puede apurar realmente y hay que tener extremo cuidado de no interponernos entre una madre y su pequeño trompito porque ahí sí que no hay quien se salve. Bueh, todavía tenemos tiempo.


…45 minutos después seguíamos detrás de la manada de elefantes más grande que ha cruzado estas tierras. Nosotros, atrapados en el medio. Great, just great. Ya no hay amor. Ya basta. ¡Sale vaca tu también!. Señoras agarren a sus hijos y muévanlo. Todavía tenemos que hacer pipí.  Empezamos a considerar retroceder y dar una vuelta mucho más larga para llegar al Lodge a almorzar. “Uhm. Guys, huge male ellie coming towards us”. Las cosas se acaban de complicar más. “Shit, he´s in musth”. Mierda, estamos jodidos. “Musth” es una condición periódica de los elefantes machos de una cierta edad (y por lo tanto cierto tamaño). Podría interpretarse como algo así como la regla masculina elefantoide. Durante 2-3 meses al año los machos de una cierta edad producen una cantidad importante de testosterona que comporta cambios físicos y temperamentales. El elefante de colmillos enorme que se nos acercaba era un perfecto ejemplo: secreciones de las glándulas temporales (entre ojos y oídos), check, un rastro “líquido” (orina/pipí) que huele horrible y que le moja las patas traseras, check. 
La característica principal de estos chicos: continuo estado impredecible de agresividad. Son tan agresivos que machos que no están en musth prefieren pasar desapercibidos y mostrar un comportamiento sumiso. Imagínense una gandola, con personalidad propia, capaz de voltear el carro en el que estás sentado y de matarte a ti y a tus 3 compañeros. Claro que exagero pero no por ello es una posibilidad menos latente. Gracias a la fuerza del pensamiento común –estoy segura-  el elefante decidió no seguir por nuestro camino y cruzó a la derecha, poniendo una fila de flacos tambotis (árboles) entre nosotros. Por lo que pareció una eternidad el elefante nos observó del otro lado de los tambotis, mientras nosotros los veíamos de vuelta, mudos, no queriendo pensar en lo peor. En un segundo “me cayó la teja” de la situación extremadamente peligrosa en la que estábamos. No tenemos ruta de escape definida si éste tipo decide que le caemos mal.

Finalmente el elefante se cansó y decidió que había una chica que le llamaba más la atención. Retrocedimos un poco más para poner más distancia entre nosotros y sus hormonas. El elefante se da media vuelta y se va. Respiramos. Estoy temblando. Estamos todos temblando. Empiezan las bromas para liberar la tensión. Todos queremos creer que todo estuvo siempre bajo control, la verdad es que estoy segura que todos nos dimos cuenta del gran error que cometimos al dejarnos atrapar en el medio de una manada de elefantes. Esto fue exactamente lo que nos advirtió Sly. Hay que esperar siempre cuando te tropiezas  una manada porque detrás de la manda siempre vienen los machos violadores. Estoy en pánico. Qué tontos fuimos.


Cuando finalmente retrocedemos y creemos que no hay más elefantes David y yo nos bajamos del carro y corremos en direcciones opuestas. Al menos hora y media aguantando las ganas. “Dont go far from the car Allie”. No mi amor, ustedes tranquilos que yo no voy pa’ ninguna parte. “Don’t look at the back of the car”. En las ironías de la vida, cuando finalmente estoy haciendo pipi (yo advertí que esto no era glamoroso) sucede:
“Allie…… uhm… You might wanna hurry” - dicen Ian y David.
“Why?” (cómo si uno pudiera apresurar estos procesos). 
“Well. There’s another big a male ellie to your right. Just hurry”. 
“¿!QUÉ?!” A 50metros de mí hay otro macho enorme, menos mal no en musth. "Ah pues y ahora me ve". ¡¿Es que no se puede hacer pipí en paz en la sabana?!. Esto es un chiste. Búfalos, elefantas, elefante asesino y ahora ¡¿esto?!. Wow. "Mira tú, quédate allá que no tengo tiempo pa' esto ahora" fue todo lo que me salió del alma.

Cuando le conté mi anécdota a Claudia me dijo que en Caracas a ella le pasa eso todos los días, pero que el elefante es su amigo y él se tapa los ojos para no ser maleducado. 

Yo creo que debería pedirle lo mismo al mío, después de todo creo que es un mínimo de educación de la sabana.

Arrow-marked babbler. Scrub hare.

(Gracias google por las fotos).

Mi día preferido de la semana son los domingos. En cualquier estilo de vida, en cualquier lugar del mundo, los domingos tienen un misticismo de paz delicioso. Se encuentra el equilibrio de la locura semanal, respiras descanso y si haces una parrilla, pues tanto mejor.

Los domingos aquí no son diferentes. Pararme a las 630am y salir con un café en mano a manejar por toda la reserva con Allan e Ian, de manera tranquila, me encanta. Éste domingo fuimos a manejar por ahí. Aprendernos los caminos, a buscar que el destino ocurriera y que nos topáramos con algo. Después de ver 3 rinos y preguntarle por enésima vez a Allan si me puedo quedar con alguno, de improvisto Allan dijo: Muy bien, ya que se conocen desde hace un par de semanas ¿qué animal creen que representa al otro?

Después de mucho pensarlo yo dije que Ian – mi compañero de curso- era una iguana. Es un tipo solitario, que va a su propio ritmo (lento y desesperante) y es muy metódico  en su hacer (pa veces es medio lagartija en cuanto a ciertos comentarios que hace que me provoca tirarlo a una laguna). Todo lo que está en paréntesis, yo sólo lo pensé. La diplomacia me ha costado 24 años.

Ian dijo que yo soy un Arrow-marked babbler. Un pájaro, un PÁJARO… qué buena manera de ofenderme desde el principio.

Los babbler son tipo de pájaros pequeños que van en grupo y son fáciles de reconocer porque tienen un escándalo armado todo el día. Está bien, puede que yo no sea la persona con menos volumen pero ¿un pájaro? ¿de verdad?. 
“Why?”. “Well, you are very chatty, you talk to everyone all the time, you are very outgoing and enjoy the company of other people”. Hmmm. Así que Ian me considera una persona extrovertida. Wow. Me habría gustado saber a los 15 que algún día habria podido sobreponerme a mi extrema timidez y que alguien me consideraría extrovertida, habría hecho todo más sencillo.

Después de la maravillosa respuesta de Ian, le pregunté a Allan: “¿tu qué me consideras?” Allan respondió (se nota que lo había pensado bien): “you are a scrub hare (liebre). You see them hopping around going forwards, then they stop, go on the other direction and stop again. They hop hop hop and it might not make sense to us, but it makes complete sense to the hare .That’s what’s important. If you check Ali at 8Mile (bar del staff) she’s doing her own thing, going here and there, talking to everyone in a way no one understands but if you see her, it clearly makes sense to her”.


 Yo me reí. Me hace sonreír, me pone a pensar. Quizás sí soy una liebre después de todo. Quizás es lo mejor que puedo ser. Quizás no necesito más que eso.

Ninjas



La primera vez que mi mamá vio un impala, casi se salió del carro en estado de histeria extática, pegándome gritos de odio profundo porque no paré el carro en el lugar preciso de su oportunidad fotográfica. “Ay ma, es un impala. Más adelante seguro hay mil más”. Meses después, aprendí a apreciar a los impalas: las cucarachas de la sabana. Nunca fui tan despectiva como para considerarlos cucarachas (nada más asqueroso que ellas), pero nunca me han interesado mucho porque son antílopes y porque se ven cada 20 metros. Después de una clase de impalas (sí, tengo clases y exámenes que aprobar con más del 80% de la nota sobre animales), mi opinión sobre ellos cambió, se ganaron mi respeto y los veo bajo otra luz.

Esa especie de gacela marrón que se ve por todos lados es un genio de la evolución y uno de los animales más tenaces que hay… Yo nunca les di el crédito. Se ven siempre y aburren, pero ¿alguna vez se han puesto a pensar por qué hay tantos? ¿Qué haya tantos no quiere decir que están haciendo algo –ó mejor- muchas cosas bien? 
Yo nunca lo había pensado así, di por sentada su presencia, así como en esos amores aburridos y eternos. Pues resulta que los impalas, estos nuggets con papitas de la sabana, son los ninjas de la sabana. No sólo los ninjas, sino los super ninjas.

Los impalas tienen una de las mejores adaptaciones digestivas del reino. Yo sufro de úlceras así que en éstas cosas ¡me fijo!. Gracias al hecho de que puede comer grama y hojas de árboles, pueden sobrevivir mejor a las épocas de sequía, cuando otros animales pelan. Factor extra de la buena digestión de estos rumiantes, es que, precisamente por ser así,  tienen suficiente energía para estar activos casi todo el día y no tirarse esas siestas legendarias como los leones. Interesante adaptación que tienen en contra de los leones también, es su coloración. La mitad de arriba más oscura que la de abajo hace que estos animales, ante la visión en blanco y negro de depredadores, aparezcan bidimensionales y no sean tan apetecibles a primera vista.

Por otro lado, aparte del estomago envidiable, los impalas que siempre he mirado como "débiles", son animales construidos para pelear, diseñados para el combate, movidos por altos niveles de agresividad, especialmente los machos (típico), para demostrar quién es el más fit, quién es mejor partido (más típico y básico aún). He aprendido que el macho impala no es una gacela gay. Desde pequeños son animales altamente histéricos e intolerantes, al punto que la distancia entre machos de la misma especie es siempre un espacio respetable de al menos 2 metros. Los cuernos están construidos para soportar peleas constantes por el privilegio de tener unas cuentas chicas ninjas en el mes de mayo, cuando todas –durante casi 3 semanas- están “receptivas” al “amor”. 



Las hembras impala son además, geniales economistas. Una vez que la primera hembra da a luz, TODAS las hembras en esa manada darán a luz en las siguientes 24 horas. Inundando el mercado de crías, aseguran que la demanda y consumo de los leones, hienas, pitones, leopardos, etc., sea abastecida de manera tal que no se coman todos los bebés que hay, logrando así que un gran cantidad sobreviva. Las hembras siempre son más inteligentes. No todo radica en la fuerza bruta.

Los impalas son genios.

Muy bien impalas, muy bien. 

jueves, 7 de junio de 2012

Acacia Grandicornuta.


Fgasa pide que una persona que digne llamarse ranger sepa al menos unos 30 árboles típicos de su zona de operación. Yo no soy de aquí así que no tengo más opción que aprenderme todos los que a Allan se le antojen. Fíjense en los árboles de la ciudad. ¿cuántos reconocen a primera vista? Mangos y samanes no valen. Yo me fijaba poco. Ahora mi cerebro está obsesionado.

Aprender a reconocerlos no ha sido fácil. Hay árboles que a distancia se parecen entre ellos, cuyas hojas son más a o menos del mismo tamaño y cuyo tronco es de color diferente, dependiendo de la edad. Los Jackalberry los confundo siempre con cualquier otro árbol, no importa que edad tengan.

La primera semana Allan y Sly fueron pacientes, explicándonos cada árbol, dándonos tips para reconocerlos, haciéndonos ver el tronco, las hojas y la forma general del mismo.
La segunda semana, la paciencia se acabó. 3 árboles mal identificados mientras manejábamos, sale bajarte del carro y correr en frente de la Land Rover, hasta que ellos decidan que basta. Con mis tobillos de hierro me da pánico caerme y que me pise el carro. Tocando madera – nada ha pasado aún. Divertido es cuando corres y te dicen “keep your eyes open for buffalo and ellies”. Claro, no sólo se van a morir del susto y me van a matar si no que después se van a burlar de los dos mongólicos que corren en frente de un carro sin motivo aparente. Éste método definitivamente incentiva a aprendértelos más rápido. En la tercera semana, Allan y Sly decidieron que si nos pelábamos un árbol o el nombre de algún camino, teníamos que abrazarlo , gritar su nombre y decir que lo queríamos. “I love you Jackalberry!” se escuchó muchas veces de mí mientras abrazaba a un árbol que no me devolvía el amor.  Abrazar árboles no duele, a menos que te topes con una de esas acacias llenas de espinas, entonces la perspectiva cambia.

Por ahora nos hemos tenido que aprender más de 30 árboles africanos. De estos 30 árboles no sólo tenemos que sabernos los nombres científicos, sino también los usos medicinales, tradicionales e industriales. Hay que saber que el Leadwood, el que tiene el tronco que parece piel de cocodrilo, tiene una madera tan pesada que si la tiras al agua se hunde, que la Falsa Marula es el árbol del olvido, que se usa en rituales entre enemigos que buscan la paz, que el Weeping Wattle tiene hojas tan suevas que tradicionalmente se usan como papel toilet, que las acacias tienen uno de los sistemas de autodefensa más interesantes que hay, que el Tamboti es sumamente tóxico para los seres humanos, si inhalas el humo cuando lo quemas, te intoxicas, que el Apple Leaf es llamado también el árbol de la lluvia por un pequeño gusano que mientras se come la savia del árbol, bota la misma cantidad de agua, formando charcos a la base, que el Buffalo Thorn, con sus espinas que apuntan hacia delante y hacia atrás representa la vida para los Shangaan, puedes querer ir hacia delante, pero siempre va a haber algo que te jala hacia atrás, que con las ramas del Magic Guarry puedes hacer un cepillo de dientes.

Mi acacia favorita se llama Horned-thorn (Acacia grandicornuta). Eso de grandicornuta me causa una gracia infinita, me dan ganas de reír. La acacia montacachos. La verdad que las espinas – las cuales son hojas que evolucionaron a través de milenios – dan miedo. Abrazarla duele.  Mi árbol favorito es la Marula, como mi pequeña antílope.

Soy una nerd de los árboles. Son finísimos.

jueves, 31 de mayo de 2012

Fgasa


Cada vez que uno se mete en un paquete nuevo es bueno dar algunas explicaciones. Estoy convencida que mi familia y más cercanos amigos no tienen idea de qué estoy haciendo aquí. A decir verdad yo a veces tampoco estoy tan segura, pero lo mío es más por motivos existenciales a largo plazo.


Mi trabajo soñado es el de rehabilitador de fauna/animales salvajes. Pero como dicen los Shangaan que lo ven claramente en las ramas del árbol Phasa Mala, el camino de la vida nunca es derecho, va siempre en zigzag pero siempre hacia delante (al menos eso). Yo estoy tomando un desvío. Un desvío que me lleva a FGASA.

The Field Guide Association of Southern Africa (FGASA) es el paquete en el que me metí. Ésta asociación “sin” fines de lucro es la que rige el estándar de calidad de todos los rangers o personas que deseen dedicarse a vivir llevando a gente en safaris, sea en carro a pie. Dentro de ésta asociación hay unas quinientas calificaciones diferentes que pueden obtenerse, presentando exámenes teóricos y prácticos. Lo exámenes teóricos están llenos de desperdicio de memoria ram, mientras que el conocimiento práctico es el que me va a salvar cuando me tropiece con una manada de elefantes. Lo siento, le perdí el respeto a la educación formal y teórica luego de ver lo que la universidad fue capaz de hacerme.

Durante 6 meses el plan es obtener ciertas calificaciones claves para que alguien me quiera contratar en éste país y me deje vivir un estilo de vida del que me he enamorado, cerca de seres que no han logrado dejar de maravillarme. Para lograrlo estoy en clases de la sabana. Todos los días, por 6 semanas seguidas, salimos a las 7am a manejar. En las mañanas aprendemos de huellas y de cómo rastrear a un animal, después aprendemos de árboles y pájaros (¡puaj!) y después de mamíferos. A medida que las semanas pasan, la presión por aprendernos los caminos es mucho mayor (100km de camino, solamente), tengo clases sobre animales en específico y exámenes que pasar, tengo que aprender a hacer un discurso explicativo sobre lo que sea en inglés – cosa que se complica cuando hay 8 voces de idiomas distintos en mi cabeza. Las primeras 3 semanas no logré dormir. Me levantaba a las 2-3-4am, desvelada. La teoría de Astrida es que mi cerebro está sufriendo una sobredosis de conocimiento y aprendizaje. Seis semanas después estoy tan cansada que no hay información que logre desvelarme.

Yo quiero ser un nivel uno por lo tanto a niveles de “status”, al ser un trainee (wannabe) ranger soy lo más bajo en la escala. Presento mi examen en Julio. Deséenme suerte.

Aparte de mi entrenamiento de ranger, después de ganar confianza y perder todo el respeto, Allan –mi “mentor”- decidió ofrecerme un curso especial, sólo para mí. Este curso debería hacer toda la diferencia en mi vida. Según él, estoy completamente loca por lo que no hay hombre sano que pueda casarse conmigo. A pesar de haberle contado que mi exnovio puso sobre la mesa alguna vez esto y propuso, Allan no me cree. Yo necesito un curso para convertime en un "catch". Peleo por todo, rebato lo que no me convence por lo que sería una terrible esposa, no hago buen café y hablo demasiado. La misión de Allan es ahora pues, recibir en algún momento, una carta de agradecimiento de mi (pobre) futuro esposo, por haberme entrenado y haberme hecho más soportable, más callada y con mejor café.
Yo me río.

Yo estoy en la cima de la montaña ya.


2012.



“Wow, tu verdad quieres quedarte allá no?”.
“Sí, creo que sí. Allá tienen rinocerontes”.

Hace más de 2 meses, ese fue el resultado de mi conversación con Isabel en una de esas míticas citas -generalmente los miércoles- para comer tequeños y tomarnos unas cervezas. Después de unos 4 meses de una vida caraqueña vacía -pero con café exquisito- decidí inscribirme en un curso de Field Guide, en un Lodge en el área de Sabi Sands (Sudáfrica), al otro lado del río del Parque Nacional Kruger. El precio a pagar son 6 meses de café instantáneo.

A Caracas la amo con una pasión infinita, pero África me grita de tal manera que no logro sofocarla. Di gracias infinitas por mis papás y mi grupo de apoyo, y me lancé nuevamente en ésta aventura. No sabía si había tomado la decisión correcta hasta que alguien me preguntó: tu nunca puedes dejar de sonreír ¿no?.

Para recibir el 2011 me monté con dos amigas en el muro más alto que conseguí, porque esto traería buena suerte. Me llené de optimismo. Comí lentejas. Me puse pantaletas amarillas el primero de Enero. Cualquier receta para la buena suerte, la apliqué. El 2010 fue un año del que no volveré a hablar. El 2011 fue sin duda mucho mejor, pero dejó heridas muy profundas. Quizás el 2012 sea mi año, después de todo, podemos ser superticiosos y pensar que irá bien pues empezó en Abril, en la primavera, simbolizando que lo difícil quedó atrás en el invierno, para dar pasó a un renacer del camino. En todo caso, prefiero pensar esto así y esocger mi superstición, que pensar algo apocaliptico en cuanto el pez beta que me regalaron en mi cumpleaños - a quién llamamos 2012- se murió.

Ayer, un día de Mayo, me mandó una señal en un email de cinex.

Hoy, me siento infinitamente llena.