domingo, 20 de enero de 2013

¿Verano? JA!



Cuando uno piensa en el verano, generalmente nos imaginamos a nosotros mismos en una playa con un cielo azul. Cuando uno piensa en el verano africano, pensamos en un calor único, un hermoso cielo azul y mucho polvo. El verano por estos lados es un poco diferente. Es una mezcla entre un verde denso que está por todos lados –producto del sobrecrecimiento de las hojas de los árboles- y un marrón barro –producto de todo lo que llueve y te mojas. El verano, como dijo una vez Gustavo, no es azul. Con una aplicación del clima que solo predice lluvia los próximos 15 días, el optimismo del verano tiende a desaparecer. Sobre todo cuando las comparas con otras aplicaciones y todas predicen los mismo: lluvia – o como dicen aquí: makhulu mfula (que jode lluvia). Francamente –nunca pensé que diría esto- pero no puedo esperar a que vuelva el principio del invierno. No el invierno completo porque después me ando congelando. Eso de la inconformidad es característica inherente a todo ser humano. Sólo pido un poco menos de lluvia, barro, huéspedes irritables e insectos. Es más, me calo todo con tal de que se vayan los insectos. Están por todos lados. No bastaba con la invasión de arañas de mi cuarto, ahora las termitas y demás cocos y bichos insufribles han decidido tomar refugio en la “mansión” africana número 11. Al principio de las lluvias mi relación con todos los bichos fue bastante ecológica. Mantis religiosas, insectos palitos, arañas, mariposas y demás, fueron delicadamente removidos de mis aposentos y lanzados de vuelta al mundo verde... 

La verdad que para los que me conocen, la paciencia me duró bastante. Ahora, me tienen podrida. No basta con que hayan tomado por completo mi cuarto, sino que algún miembro de este submundo detestable de seres vivientes, decidió causar una reacción alérgica que va desde mi cuello hasta mis rodillas. La paz se acabó. Cada 2 días voy cargada con mi lata de Doom (el “Raid” de aquí) dispuesta a matar a toda vaina que tenga más de 4 patas y un par de alas, no me importa tener que barrerlos fuera de mi cuarto al día siguiente. Araña que encuentro en los momentos sin Doom, zapatazo que sale volando de mis manos. Me cansé. A veces me pregunto si así se sentirán los países del mundo cuando llegan refugiados malagradecidos. Yo menos mal tengo la potestad de matar a cuanto bicho me provoque. Como decía Power Pete “no more mister nice guy”. No exagero, si lo pensamos seriamente ¿cómo puedo verme seria en un safari cuando no puedo dejar de rascarme? Seguro la gente piensa que tengo pulgas. 
El zyrtec ha ayudado así que ahora no me rasco más, sólo parezco drogada. Es increíble cómo cualquier anti-alérgico es capaz de noquearte en segundos. Entre los dos males, prefiero no rascarme más. Útil es también que a veces el clima me ayuda y si me rasco mucho, nadie lo nota por la lluvia. Generalmente los huéspedes se empeñan en salir – a pesar del diluvio- con la arrogancia de mente que aún si llueve, los animales se quieren mojar. La arrogancia humana de que los animales son pendejos y se quieren mojar, siempre me sorprenderá. Estoy segura que los leopardos se ríen de nosotros mientras vamos por ahí como ratas mojadas, debajo de ponchos que no son realmente impermeables, mientras ellos duermen montados en un árbol. Para colmo, cuando llueve no podemos rustiquear por ahí así que estamos limitados a lo que pueda verse desde los caminos. Caminos de barro que a veces cuando manejas hacen que tu carro se deslice en diagonal. Es generalmente por éste motivo que aumentan las peleas y el drama. Hay caminos que se cierran y todos queremos salir corriendo a la propiedad de al lado donde son más liberales. Eso sí, cuando ellos cierran los caminos, no queda si no decir buenas noches.

Dos meses más para el invierno. Vamos que se puede.

jueves, 3 de enero de 2013

Y se nos fue!



Este año tuve la horrible experiencia adulta de tener que trabajar en Navidad y año nuevo. La verdad es que no pensé muy bien en esto cuando decidí meterme a trabajar en la industria del turismo. Trabajar la última semana del año, y estar lejos de tu familia mientras lo haces, es una mierda. No hay otra manera de decirlo. Es de esas cosas que te pone de malhumor sin saber por qué. Mentira, si sabes por qué. Trabajar en las festividades significa que además de tener que trabajar tienes que sonreír mientras te explotan. Te conviertes en una pieza más y lo único que importa es que hagas tu trabajo sin derecho a protestar, a pesar de que tu turno de trabajo se extienda a unas 14 horas por día. Menos más que la desdicha siempre busca compañía, así que terminamos en una situación absurda de risas en un equipo de 13 personas, al ver nuestras caras no tan felices. No queda más si no seguir adelante y reírte mientras lo haces.
En Sudáfrica la ultima semana del año es todo menos blanca. Mas bien yo diría que es color cielo azul con toques de barro aquí y allá. Aquí – en el país de los locos- el verano es mojado. Con una temperatura promedio de 38 grados, he pasado una semana derritiéndome, duchándome en promedio unas 4 veces por media. Siempre con agua helada pues tengo miedo que si no hago algo para bajar mi temperatura me va a dar un infarto.
El 31 cayó en una de esas tardes asquerosamente calientes. Los huéspedes se quejan del calor y de alguna manera indirecta te culpan. La verdades que no puedes hacer nada si no manejar un poco más rápido para que les pegue un poco de brisa en la cara, mientras piensas que los gerentes del lodge te jodieron otra vez. El 31 nos toca cenar con los huéspedes en el caudal del río en frente del lodge. Esto quiere decir que como estamos fuera del perímetro del cerco eléctrico, tenemos que llevar nuestro rifle y nada de andar tomándose una champañita a las doce porque con armas no se bebe. Pff.
Ante el calor ahogante de la tarde y el terrible prospecto de recibir el año nuevo sobrios, nos encaminamos todos al último safari de la tarde. Mi tarde transcurrió derritientemente bien hasta que me topé con un elefante.. y un ranger malparado. Cómo “dijéramos” folklóricamente en Caracas, “encontrábanos” nosotros viendo un elefante macho y sus 5 patas, a una distancia segura, cuando un ranger

Súbitamente el elefante decidió que yo estaba demasiado cerca del él. Abrió las orejas y se me vino encima. ¡FAMBA FAMBA! Gritó Patrick el tracker. Jamás había arrancado tan rápido en segunda. Nos vamos. Temblando que no podía pisar el cloche, traté de aparentar en frente de mis huéspedes que yo soy la ranger cool, mientras se podía cortar con un cuchillo la tensión entre Patrick y yo. Patrick en teoría me había dicho que me echara hacia atrás cuando el otro ranger nos cortó la vía de salida. Patrick habla en una frecuencia que yo no escucho, así que él pensó que yo había ignorado su consejo y estaba arrecho porque pensaba que me las había dado de macha. Yo estaba arrecha por el otro ranger atravesado y pajuo y por la situación en la que me había metido que pudo haber terminado de otra manera completamente. Por suerte todos los santos y los ángeles me cuidaron una vez más y no pasó nada. En menos de 2 semanas ya he tenido 3 elefantes maricos atravesados. Patrick siguió arrecho conmigo todo el día y yo no pude hacer más que disculparme. “Lesson learned, we’ve all done it, don’t worry about it” -me dijo Jack, tratando de hacerme sentir mejor cuando le conté y vio que me sentía como un pupú. Me cuido de los elefantes y los rangers egoístas de ahora en adelante.

A eso de las 630pm, y temblando aún por el elefante, todos fuimos a uno de los spots más hermosos de toda la reserva para ver el último atardecer del año. Todos los Rangers y huéspedes, al lado de un grupo de marimba vimos cómo el sol se ponía por última vez en el 2012. No sé en otros lados, aquí decidimos que el mejor adjetivo para el atardecer fue “dramático”. De repente se empieza a sentir una brisa. ¿Puede ser? ¿Será? Yo creo que sí. Vienen nubes cargadas desde el Este. Todos los rangers nos vimos y sonreímos. Todos cruzamos los dedos esperando lo mismo. Si llueve, no hay cena con los huéspedes. Después de los “sundowners” (o el pre-emborrachiemto de los huéspedes), fuimos por un safari nocturno. Yo decidí alejarme de todo el mundo e ir hacia el oeste, el río es uno de mis lugares favoritos y en general se ven cosas interesantes por esos lados. La brisa continua. Con el calor que hace, voy a buscar a los leones al lado del río. Finalmente siento gotas. Gotas refrescantes. Ojala que llueva un poco más para que cancelen la cena. Es que además no piensan. En año nuevo uno quiere estar con su familia, no con un extraño sentado a la mesa con uno, obligados todos a hablar trivialidades. Son las 743pm. No caen gotas, diluvia. Mis huéspedes, en el absurdo del final de año, se mueren de la risa. Estamos todos chorreando y al menos a 20minutos del lodge. ¡Oh oh oh! ¡Tres hipopótamos fuera del agua! ¡Bah! Ya estamos mojados, qué importa ahora. Uno de los hipopótamos es un bebé. Mis huéspedes se ríen. Seguimos en el absurdo. Al llegar al lodge chorreo y tiemblo del frío cada vez que la franela empapada me toca la piel.  El 31 fue la primera vez en toda la semana que me bañé con agua caliente.

La cena fue cancelada efectivamente y a los rangers se nos concedió el gran honor de recibir el año en el bar, bebiendo, con los huéspedes. Antes de bajar al bar, me llamó mi mamá, cuando me pasó a Mari no pude si no empezar a llorar. Ella lloraba por el otro lado y mi mamá viéndola llorar. Después me llamó mi tía y me pasó a mis primos. Creo que de las cosas más difíciles para hacer en la vida es tratar de ser fuerte para no afectar a los demás, no dejarles ver que te estás derrumbando. Yo creo que no hice un muy buen trabajo. Pero creo que se me conceden las lagrimas post-estrés elefantino. 

Después de mis llamadas familiares decidí ahombrarme y bajar al bar a beber mis penas y todo lo que me hacía falta mi familia. Jamás he estado “homesick”, hasta que me tocó pasar Navidad y año nuevo lejos de todos aquellos por los que haría cualquier cosa. Al bajar al bar decidí que el famoso G&T (gin and tonic) iba a ser mi bebida de la noche. Lo malo fue que mis amigos tenían otros planes y hubo Jaggermeister y Tequila atravesados por el camino.  Keith – otro ranger- es mi compañero de música y baile en estas ocasiones. Yo le doy a Keith mi ipod y el hace de Dj, generalmente funciona bien. Después de las 10pm teníamos una buena fiesta montada en el bar. Extrañar el hogar, no es nada que un poco de alcohol, buena música y un par de amigos queriendo pasarla bien, no pueda curar. Creo que los huéspedes estaban un poco asustados de lo que nos estábamos divirtiendo todos. Al final incluso terminamos bailando con los huéspedes, sólo había que emborracharlo un poco más. Yo me aseguré de que los míos estuvieran bien rascaditos para no tener que pararme a las 420am a hacer el safari de la mañana.
Al ser las doce brindé con mi copa de champaña – y alguna otras que me robé por ahí- por mi familia, mis amigos y por el 2013; es impensable no celebrar los nuevos retos sin burbujas. No tengo particulares reflexiones sobre el 2012. Prefiero no sobre-analizarlo, todo lo que sucedió, es lo único que pudo haber sucedido. Está bien Universo, lo acepto. Estoy donde tengo que estar.

A las 2am, agotados de todo lo bailado, saltado y reído, un equipo de rangers no muy sobrio, decidió que era hora de ir a la piscina y juntos fuimos a ahogarnos en el agua verde de nuestro estanque. Meterse en esa piscina es sólo para los más valientes, es asquerosa. A eso de las 230am, decidí que era suficiente, hora de ducharse y dormir. Le rendí honores al 2012 por irse y al 2013 por llegar. El primero de Enero de 2013, le rendí homenaje al advil. Levantándome con una sonrisa en la cara al conseguir en el iphone heredado un playlist de música nueva de tu hermano pavo. A veces, si pedimos las cosas en voz alta, se cumplen.

Hay una canción de Kesha que dice: “I’m in love with my crazy beautiful life”. Yo les deseo a todos que en el 2013 se enamoren también. Buena suerte!

domingo, 30 de diciembre de 2012

Leopardismo.


El término los “5 grandes” es un viejo término de cacería utilizado por los cazadores del siglo XIX, quienes decidieron que los elefantes, rinocerontes, búfalos, leones y leopardos son los animales más peligrosos para acercarse a pie. No está relacionado al tamaño del mismo, si no a su carácter. Cuando uno habla de safaris en África, siempre hay algún salido que pregunta: “¿y viste a los 5 grandes?”. La mayoría de los turistas no tiene ni idea de qué quiere decir, pero hay que engrandecerse y decir: “sí claro, yo vi a los 5 grandes” “¿y leopardos también?” “claro”.

En términos de turistas y rangers, el favorito de mucho es el “enigmático” leopardo. Solitario y oportunista , el leopardo es la sensación. Si vienes a un safari en África y viste 845984 elefantes, 89345843 rinocerontes (que por cierto están en peligro de extinción, no como los leopardos), 374657 leones y 894576845 búfalos, pero ningún leopardo, es cómo si no hubieras visto nada. Perdiste tus reales. Thank you and come again. Gracias prensa sensacional oportunista por hacer mi trabajo un poco más difícil cada día por un par de manchas.

En lo personal –a mí- me tiene podrida éste gato marico. Por culpa de los “fanáticos”, el leopardo –a mí- me enferma. Pocas han sido las personas con las qué he hablado que sufren –honestamente- de esa obsesión de saber qué leopardo es, de tener que encontrarlos, verlos y darles un nombre. A ellos yo los respeto porque pobrecitos, ya no hay nada que uno puedo hacer por ellos. Pero a los wannabe, a esos qué quieren ver un leopardo porque “es el más difícil de ver de los 5 grandes”, a esos que afirman en voz alta que aman apasionadamente a los leopardos, a esos que les gustan porque es lo “cool”... a esos no les tengo sino ladilla, por mentirosos, tontos y poco originales.

Pero no se preocupen. No sólo turistas sufren de la terrible enfermedad del leopardismo. Ésta es una enfermedad común entre rangers también. “Do we have and I.D?” Es la primera pregunta que siempre se hace por el radio cuando alguien pronuncia algo tan terrible como “I’ve got a madoda  ingwe (leopardo macho en shangaan) here”. ¡Qué no chico! A mí ya no me preguntan. “Negative, no ID”. Porque te vas a aprender todas las marcas del leopardo. ¿De verdad? Seamos honestos. De todos los leopardos que he visto aquí hay quizás 3 que son fáciles de reconocer, por su carácter y por manchas muy particulares en su casa. Pero esos son 3. En un espacio de casi 7000 hectáreas ¿nos vamos a caer a cuentos de que vemos siempre los mismos? Por favor. Mientras el leopardo sea relajado con los vehículos ¿qué importa si es Scotia o Warthog Wallow o Roller Coaster? A mí no me cambia nada y a ellos tampoco. Pero no, aquí el machismo ranger se mide en cómo inventar y convencerse que cierto leopardo es éste o ese y pasar 8 horas diarias buscándolos en la sabana africana. Quién más encuentra, es mejor. Apenas alguien consigue un leopardo, empieza el pandemonio. Siempre hay alguna pobre alma en pena (la mía incluida) que anda buscando conseguir algún leopardo por ahí, para que el safari de sus huéspedes haya valido la pena (a pesar de los otros 35 millones animales que hayamos visto). Si estás cerca, vas y siempre vas rápido, porque además de todo, los leopardos tienen la mala costumbre de aburrirse de la atención y meterse en áreas complicadas y densas en donde los vehículos no pueden seguirlos. Uno pensaría que serían un poco más agradecidos con las cámaras, pero no. Gato egoísta, típico. La última vez que me tropecé con uno de estos mininos, ella nos gruñó, atacó mi vehículo e hizo que rompiera uno de mis espejos retrovisores al intentar seguirla por medio de una selva de árboles. Completamente innecesario diría yo, además porque el nuevo espejito sale de mi bolsillo. Cada vez que uno tiene un grupo nuevo, empieza la batalla por el leopardo (y los leones en una medida un poco menor), es agotador. Hoy empieza una nueva para mí, ojalá dure poco.

Eso sí. Hay que ser justos. Ver a un leopardo cazando no tiene comparación. La tensión se respira en el aire. Poco a poco el leopardo avanza 30cm y sin hacer ningún ruido. Se esconde de la presa que poco se imagina que sus días van a acabar y de pronto ¡zas! Saltó el leopardo y se comió una vida. Es un momento adrenalínico ver la naturaleza en acción. Los leopardos son óptimos protagonistas. Mi problema no es el leopardo, son sus fans. No sean jamás uno de ellos.


sábado, 22 de diciembre de 2012

Welcome to Field


Después de 6 meses lo conseguí. Oficialmente soy una ranger en Sudáfrica y un Lodge sudafricano me quiere dar trabajo y quiere pasar conmigo el karma que es conseguir una visa de trabajo en este país. Todo comenzó oficialmente un día en que yo no tenía huéspedes aún y resultó ser que necesitan a un ranger extra. El head ranger me dio la mano y me dijo “welcome to field”. A echar teipe se ha dicho. Mis huéspedes accidentales fueron 6 niños entre 8 y 12 años de edad. Menos mal no fue nada grave, los niños se portaron increíble y me hicieron pasar un muy buen rato, haciéndome pensar que quizás no era tan difícil. Mi Tracker fue un shangaan de nombre Million y dentro de todo, a pesar de una barrera de lenguaje, nos llevamos muy bien. “I’m goin to speak to Allan, I want you to make ranger for me”. Esa fue la manera que tuvo Million de decirme que quería trabajar conmigo. Habría sido excelente pero el universo aún no me ha concedido esa gracia.
Y así fue. Días después me llegaron mis primeros huéspedes: una pareja de suizos (completamente sin sabor) y unos recién casados irlandeses (que se quedaron por 5 noches, demasiado). En este caso me asignaron un tracker llamado Juice. Con Juice siempre me había llevado bien así que quizás podríamos lograr algo útil.

Con mi land rover, mis balas y mi rifle, poco me imagine que mi primera experiencia como ranger oficial y contratada iba a ser tan horrifica y ulcerosa. Soy una persona perfeccionista por lo que detesto cometer errores, sobre todo cuando es por inexperiencia o falta de conocimiento.  Estuve expuesta a un montón de cosas nuevas a las que poco a poco he tenido que irme acostumbrando (rustiqueo bajo presión, seguir huellas de animales), pero sin duda la parte más difícil de todas ha sido aprender a trabajar con los trackers. Juice me hizo querer llorar todos los días (eso sí, primero muerta antes que hacer nada de eso en frente de mis huéspedes) de impotencia y arrechera. Más que nada hay una barrera cultural importante que no voy a lograr quebrar jamás: soy mujer y soy blanca, para él estoy muy abajo en la escala jerárquica.

Poco a poco las cosas han ido mejorando. Le he perdido un poco el pánico al radio y poco a poco he ido mandando a la mierda a los trackers. No he vuelto a trabajar con Juice desde que le dije al Head Ranger que más o menos me había caído a gritos en frente de los huéspedes por una malcriadez. Hay días que van mucho mejor que otros, hay días en los que me aburro, hay días en los que quiero cachetear por ser tan sensible a los sentimientos ajenos y dejar que tonterías me afecten tanto y hay días que son geniales y que tengo huéspedes que adoro.

¿Qué hace que todas las úlceras valgan la pena? Que hay ciertos días en los que tengo a los huéspedes correctos y tengo la oportunidad única de ver cosas así:



Hay días en que el Universo me recuerda qué tan afortunada soy.

Black Mamba.

Sensación de hormigueo en los dedos que se expande rápidamente por mi cuerpo, siento que hay miles de insectos moviéndose bajo mi piel. Empiezo a salivar sin poder controlarlo. Tengo calor, empiezo a sudar y después a chorrear. No me siento tan bien. El mundo me da vueltas. Tengo sueño. No puedo mantener mis ojos abiertos, se niegan. No logro mantenerme de pie. Es como si me hubiera tomado todo el alcohol del mundo. Horizonte ¡deja de moverte!. Me duele el pecho. ¿Tengo un elefante encima?. Creo que estoy alucinando. Tengo que estar alucinando. Estoy muy confundida. No sé que pasa. Mi cuerpo se siente muy pesado. No logro moverme. Hablar es muy difícil. Las palabras sólo salen lentamente. ¡Dolor!.  Todo mi cuerpo se engarrota. Respirar se vuelve cada vez más difícil.

El veneno neurotóxico de una mamba negra ataca el sistema nervioso, la mordida en sí no es dolorosa. Poco a poco la sinapsis deja de ocurrir y nuestros músculos –incluido el corazón- dejan de funcionar. Nuestro cuerpo deja de responder y la conciencia se nos va. De no ser trasladados a un hospital en pocos minutos, la vida se va.

Todo esto pasó por mi cabeza en quizás una fracción de segundo cuando tuve un encuentro muy cercano con la mamba negra más larga que he visto nunca.

En una mañana bastante fría, cuando nos paramos para el break de café del safari matutino, y siguiendo mi modo de ser como una chicharra, decidí ir a “usar” la sabana. De manera inconsciente, de acuerdo a como he aprendido aquí, caminaba con la mirada en alto, escaneando el horizonte, asegurándome que no hubieran leones, rinos o elefantes que quisieran venir a comerme. De repente, y sin motivo alguno, me detuve en seco y voltee la mirada y súbitamente vi al piso. Allí estaba. A menos de un metro de mí, la serpiente más malvada y rápida de África. Mi primer instinto fue decir: “OH SHIT”. Así en inglés, quién sabe por qué. En 2 segundos la mamba empezó a elevarse. Muy lentamente yo empecé a retroceder, a poner distancia entre ella y yo. Todos los ángeles de la guarda decidieron cuidarme y la mamba decidió que yo no estaba ahí para hacerle daño y decidió irse.

Cuando volví a donde mis huéspedes, una de ellos me preguntó: “I saw you stopped over there, what did you see?”. Mi respuesta mientras aún temblaba fue: “Just give me a second”. En ese instante todo el peso de la situación cayó sobre mis hombros. En ese mismo instante yo podría estar pidiéndole a mi tracker que me llevara al lodge porque tenía que ir al hospital por estar en peligro de muerte. Ese fue un encuentro cercano. Muy cercano.

Aprendí mi lección, ahora siempre me fijo en el piso también. No me gustan las mambas

(Gracias Google por la imagen)

Al árbol debemos..



Si los árboles quisieran, ellos podrían ser los líderes malvados del mundo. Es más, algún día el mundo se va a acabar y va a ser porque los árboles decidieron no calársela más. En mi nueva vida de asombro ante los árboles, ésta mi conclusión. No es para tomársela a la ligera, lo digo muy en serio. Su arma letal es el hecho de no poder moverse y vernos siempre, todos los días, en nuestras rutinas, sin jamás prestarles atención.

Crecen en todos lados, sobreviven más que las tortugas, se comunican entre ellos, tienen personalidades… La próxima vez que vean un árbol… recuerden que le deben solícito respeto, no como el himno que nos enseñan en el colegio que nos hace pensar en los árboles como seres frágiles, de pura decoración.

Si los impalas son los ninjas y las ranas los superman, los árboles son definitivamente los Einstein del mundo, no de África, del mundo. Los tambotis con su látex toxico (igual que los “inocentes” pinos de Navidad), emiten una substancia química a través de sus raíces que impide que cerca de ellos crezca cualquier otro tipo de vegetación que no sean tambotis (hablemos de racismo ¿no?). Los ledwoods son capaces de seguir erguidos centenares de años después de su muerte, las acacias con sus flores Floris que emiten feromonas para avisarle a otras acacias que hay peligro de jirafas hambrientas, Los Sausage trees que evolucionaron para que sus flores tuvieran un aroma a fruta para ser polinizados por murciélagos de fruta y no pequeños insectos. Los weeping wattles con hojas tan suaves que se usan como papel toilet.

Después de pasar 6 meses aprendiendo a reconocer diferentes árboles, para que sirven, cómo cambian con cada estación, cuáles son sus propiedades, soy más humilde ante cualquier tronco con hojas. De una semilla, tamaño pupucito, crecen árboles que permanecen ahí –si ningún impala se los come antes- durante siglos. SIGLOS. Durante siglos nos ven pasar, cometer errores y no dicen nada, sólo dan aire –hablemos de mártires y sacrificios ocultos.

Cómo verán, he desarrollado un amor increíble por los árboles. Los veo y necesito saber cuál es, qué se puede hacer con el, cuáles son las características principales y de qué color son sus flores. Los amo. Quiero tener un jardín gigante para tener un samán, un Lowveld Milkberry, una impala Lily, un Apple-leaf con sus mini flores moradas, un Baobab porque es el árbol de la vida, un Sauce Llorón porque es mi árbol favoritísimo, un Mopane Pomegranate y definitivamente un Araguaney al lado para comparar sus flores amarillas. ¡Oh el daño ecológico que pretendo tener por jardín!.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Historia de un suicidio.


Los seres humanos somos muy arrogantes. Nos encantan pensar que nadie siente tan profundamente como nosotros, que nada ni nadie es capaz de ingeniárselas como nosotros para sobrevivir y que nada ni nadie sino el homo sapiens sapiens es capaz de decidir poner fin a su miseria.

Pues bien, ésta es la historia de Gerry, un camaleón. Gerry nació como cualquier camaleón: de su mamá. Sólo al nacer, Gerry ya sabía que para sobrevivir era indispensable para él ir a comer saltamontes y mosquitos, y agarrarse bien con la cola y las patas de los árboles. Dejarse caer al piso es un asunto muy riesgoso que ocurrió sólo aquella vez que Melinda, el águila del área, estaba a dieta y quería merendarse algo pequeño.

Un día de resplandeciente verano, con la lluvia torrencial podrida de 3 días, ocurrió lo inesperado, con sus ojos que se movían independientemente el uno del otro, buscando una presa fácil, ambos quedaron fijos en una sexy camaleona bien camuflada detrás de unas flores de acacia. Gerry no podía creer los colores y quedó petrificado ante tal belleza, volviéndose una mezcla de colores pasteles. Pésimo camuflaje de emociones para la ironía de ser camaleón.

El amor de Gerry y Bernardette floreció la siguiente primavera y después de un época de lluvia torrencial que habría de traer mucha comida para sus futuros camaleoncitos con Bernardette – su camaleona- algo terrible ocurrió. Bernie fue devorada por un malévolo pájaro (Hitchcock tenia razón) de una manera brutal, tan brutal que no queremos hablar de ella. Gerry decidió entonces que el mundo era demasiado cruel para seguir aquí. Basta de cambiar de color por afuera cuando por dentro uno se siente monocromático, después de todo ¿para qué vivir sin amor?

Fue así que Gerry – quizás de ascendencia japonesa- decidió poner fin a su vida por medio de un harakiri. Una acacia y sus espinas presentaron la oportunidad perfecta. Se agarró del tronco, se despidió de éste mundo cruel, respiro profundo y se clavó la daga en el corazón de sangre fría. El sol no habría de calentar más sus escamas pero su recuerdo momificado permanecerá aquí mucho tiempo.

Adiós Gerry. Te extrañaremos!


Esa es mi versión. La realidad es un poco más aburrida.Todo depende del punto de vista, de dejar volar nuestra imaginación. El misterio de Gerry el camaleón, vivirá por siempre y aún cuando los motivos de su muerte son menos novelescos y más dramáticos (y seguro llevan a los ociosos a pensar que no tengo nada mejor que hacer que estar deprimida), yo prefiero soñar con historias y mantener el secreto. Después de todo, ésta versión es más interesante.