jueves, 3 de noviembre de 2011

Café a la hormiga

En toda vida –especialmente en la laboral- existen esas pequeñas rutinas que siempre son tema de conversación cuando ocurren pero que son de tan poca importancia que no se mencionan sino sólo cuando ocurren. Nuestro tema de conversación son las hormigas. Las hormigas en el kettle para ser más específicos. Entiéndase por “kettle” la palabra inglesa más sofisticada para indicar el electrodoméstico que hierve el agua. Optimistamente me gustaría decir que es solo para el té, pero en ésta parte del mundo es también, en su mayoría, para el mediocre café instantáneo “Ricoffy” (hablando de ironías). Me lo tomo y siento que el azúcar se  me deposita y sedimenta en las caderas, como siempre me dice Jan.
En general el proceso del café instantáneo es muy sencillo. Yo espero a que Tanya –mi Robin de oficina en mi nueva fase de Batman- llegue, se instale y que 5 minutos después me pregunte: Wat sy jy? Coffe popi? Ja, baya dankie. Soy una genia en el afrikaans cafetero ya. Después de esta pequeña rutina matutina, alguna de las dos vacía el kettle y lo llena de agua para proceder al “café”. La parte del proceso que no entendemos, la parte que se escapa para los súper poderes de Batman y Robin, son los 85678947684 millones de hormigas – a veces en forma de pelota - que hay en el estúpido kettle todos los días. Pobrecitas las hormigas, son tan tontas. Tantas se mueren ahogadas y hervidas todos los días. No sabemos cómo llegan ahí pero todos los días hay. ¿Será alguna especie de sacrificio hormiguista a los dioses del azúcar en la nevera?. Nunca lo sabremos, seguiremos tomando hormigas. ¡Salud!